La entrevista realizada por los periodistas de El Espectador al exministro de Protección Social, Diego Palacio, desnuda en toda su dimensión la enana estatura ética, profesional y moral de este funcionario de la administración Uribe.
Sus respuestas denotan ignorancia, irresponsabilidad, cinismo, mentiras y burla al pueblo colombiano, y de paso demuestran que el régimen uribista se rodeó, no de los más capaces, sino de los más serviles.
Miren la calidad de sus respuestas:
Cuando se le interroga sobre las irregularidades que denuncia la Federación Médica sobre su gestión, responde con el mayor desparpajo que no recuerda y no le importa, que si tienen algo contra él pues que lo denuncien ante el Consejo de Estado.
Cuando se le pregunta por qué firmó normas para favorecer un laboratorio y encarecer los medicamentos para la salud de los colombianos dice: “No sé qué funcionario lo hizo”, “no fui yo sino una comisión”, “no me acuerdo de las actas”, “fue un estudio técnico que no conozco” y “tengo que revisar”.
Al instante se lo obliga a reconocer que la tal comisión estaba conformada por Mincomercio, Presidencia de la República y Mindesprotección Social, es decir, el mismísimo Gobierno. Con el más desconcertante cinismo dice “Sí, pero no yo: Diego Palacio”.
Los periodistas insisten en que responda políticamente por la liberación de precios de los medicamentos; intenta evadirse arguyendo que fue el gobierno Pastrana. Se le dice que si fue así, por qué no lo corrigió en los seis años que estuvo como ministro. Manifiesta, con el más grosero impudor, que otros países lo han hecho, que no recuerda las actas, que no puede cambiar la reglamentación “cada ocho días” y que el laboratorio le prometió bajar los precios por su propia cuenta.
Los entrevistadores intentan lanzarle un salvavidas y le preguntan sobre su responsabilidad y se hunde en las más grandes mentiras de su gestión: “Aumentamos la cobertura y salvamos muchos hospitales”. No recordó que acabó con el Seguro Social, cerró decenas de hospitales y campeó la corrupción en la salud, y al final intentó corregir su estercolero con otro peor: la emergencia social, que fue tan ramplona, que el mismo Uribe le espetó en el rostro: “Hablar con usted es como hablar como una tapia”. Y el muy indigno, ni siquiera tuvo la decencia de renunciar en ese momento.
Ahí está expuesta en toda su dimensión la estatura abyecta del régimen de Uribe, que ahora anda en oposición a un gobierno decente.
Guillermo Goelkel C. Bogotá.
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