Ahora que estamos viviendo los diálogos de La Habana, especialmente por los desplazamientos de los subversivos —de diferente calaña— para integrarse a la mesa de negociación, ante lo cual todos los colombianos estamos con la obligatoriedad de asumir una posición crítica y noble para avanzar, me parece oportuno resaltar la trayectoria política del presidente de Uruguay, José Mujica, como un referente de vida a tener en cuenta para el futuro político del país.
En el reportaje de María Elvira Arango a Mujica (27-10-14) se destaca, en primer lugar, a un político leal y coherente con sus principios e ideales. Difícilmente encontramos en América Latina una personalidad de su estatura política que alcanzar el poder no se haya embriagado con las mieles propias del empoderamiento. Cualquiera habría podido pensar que un antiguo guerrillero iba a aprovechar su estancia en la Presidencia para, mínimo, hacerse una mansión particular a todo timbal. Todo lo contrario, asumió un estilo de vida parecido a los de los frailes capuchinos de la época de San Francisco de Asís, para algunos risible, para otros admirable y ejemplarizante.
No se espera que los subversivos colombianos sigan el ejemplo de este viejo guerrillero de manera literal. Ni tampoco se espera que los políticos nuestros se pongan el sayal de los frailes, sería como entrar a un mundo bucólico imposible. En lo que sí deben fijarse es en la honestidad de este hombre público que ya tiene un proyecto de vida para su futura condición de expresidente: fundar una escuela de oficios rurales. Qué belleza. La mayoría de los expresidentes nuestros, históricamente, se han dedicado al periodismo y a la diplomacia, salvo uno, pero de quien se esperaría un apoyo irrestricto al proceso de paz, con todas su imperfecciones. Es sabio Mujica cuando dice que “vale más la paz que la justicia” y esto hay que tomarlo con mucho cuidado. La oposición le daría a esta expresión cualquier interpretación malintencionada… y esto no es sano.
El Espectador ha publicado reportajes realizados a varias personalidades extranjeras para conocer su visión sobre el proceso de paz en Colombia, la mayoría de estos personajes han coincidido en un relativo optimismo, por ejemplo, la de la excanciller de Francia Dominique de Villepin y publicado en la edición dominical (21-09-14) con expresiones llenas de esperanza para el pueblo colombiano, y expresaba, a manera de consejo, que es evidente que no se puede vivir bien, no se puede llevar una vida buena y honrada, con el odio, es algo que ocupa cada segundo del día; es algo que lo obliga a uno a estar mirando siempre atrás…
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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