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Tres cartas de los lectores

14 de febrero de 2018 - 10:00 p. m.

Sobre Estraval

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Es increíble que para recuperar lo propio, que son nuestras inversiones, fruto de trabajo arduo y ahorros de toda una vida en algunos casos de adultos mayores y familias, tengamos que batallar de semejante manera. El liquidador Alvarado y el abogado Zambrano han tenido que timonear contra viento y marea y nos ha tocado a las víctimas hacer toda clase de manifestaciones pacíficas para apoyar la justicia.

El próximo viernes se viene otro intento de sabotaje: los grandes bancos desean quitarnos las libranzas limpias a las víctimas. Pedimos cubran está noticia, divulguen esta nueva injusticia.

Ayúdennos a pasar de silenciosos e indiferentes tercermundistas. Ya Colombia no da más de robos, no da más de corrupción; estamos despertando y este caso Estraval es una oportunidad de mostrarles a los bandidos de cuello blanco que nos cansamos, que no aceptamos más injusticia, más miseria, más guerra social y económica.

Ana María Echeverri Rico.

Protesta

Protesto por el sufrimiento de los colombianos presos en las cárceles de Venezuela, que como que son iguales a las de Colombia, con altísimo hacinamiento, terribles servicios sanitarios, nulos servicios de salud y pésima alimentación.

M. Cristina Quiroga. Cali.

Sobre lo ocurrido en la UPB

Prejuicio es de quien relaciona la manera de vestir con el acoso. Yo soy víctima de violación a los seis años de edad y no usaba minifaldas ni escotes, el que es enfermo es enfermo.

También deseo que se mire todo desde otro punto de vista: soy esposa de un docente universitario y puedo comprender que no solo es la manera de vestirse sino de actuar. He sido testigo de cómo las estudiantes se ofrecen a cambio de una nota, cómo usan en su perfil de WhatsApp fotos en pijamas de seda con poses insinuadoras, soy testigo de cómo las mujeres han abierto una puerta a la inmoralidad y le han cerrado la ventana a la discreción y a convertirse en todas unas “señoras”.

En las empresas hay códigos a la hora de vestirse y no por eso la empresa está llena de acosadores. En los bancos, por ejemplo, las mujeres se encuentran vestidas para la situación. En los colegios siempre velaron que la falda estuviera en su nivel, las niñas pequeñas las vestían con vestidos de bolero cuidando su integridad. Hoy día se ve cómo las madres las visten como si tuvieran 20 años o más, con medias de malla y zapatos rojos. No se trata de limitar la libre personalidad, se trata de ubicar a las personas como se debe actuar en las diferentes situaciones de la vida. A la universidad no se va de paseo, ni de desfile de modas, se va a aprender. Por esto no estoy de acuerdo con este editorial.

La mujer jamás será causal de un acoso, pero sí depende de cada una como la vea la sociedad.

Angélica María Gutiérrez Villamil.

 

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