Celebro “Un país ingrato”
Por fin alguien que no esté del todo en el Gobierno, Héctor Abad, hace alusión en su columna del domingo 1° de abril, de forma seria, honesta y documentada, sobre el actual presidente y su obra político administrativa de los últimos ocho años.
Cómo no llamar ingrata a la gente de un país que ha recibido, por la labor antes citada, el apoyo de gobiernos con distinta orientación política, pero coincidentes en el resultado de un proceso de paz y reconciliación que, con cifras y datos, nos permite aceptar los beneficios logrados más allá de conjeturas y malos augurios.
Santos no es de mi devoción. Pero admiro su constancia, su perseverancia y su deseo de dejar una Colombia mejor de lo que la recibió. Y quienes se niegan a aceptar los buenos resultados de su gestión, es porque nunca se imaginaron que Colombia podría en algún momento firmar un Acuerdo de Paz con la insurgencia. Hemos recibido tal cantidad de rencores, odios y deseos de venganza, que ya no somos capaces de percibir que no son la fuerza ni el autoritarismo los indicadores mejores de un gobierno. Vale más pensar hoy en un mañana menos gris, menos pesimista, y aceptar que se buscó, y en buena medida se ha logrado, con paciencia y altruismo, un cese a la violencia.
Va un aplauso a quien logró desarmar una fuerza insurgente que también había sentido el cansancio de una guerra sin vencedores ni vencidos, y que además, por el meritorio trabajo de un presidente y de otros tantos buenos colombianos, no volverá a desangrar un país de reales posibilidades, como es Colombia.
Yezid Morales Ramírez.
Sobre una caricatura
Considero que la caricatura de C. Lago, refiriéndose a los venezolanos que llegan a Colombia, es horrible. Que en las páginas editoriales de El Espectador aparezca este tipo de comentarios es francamente indignante. Deja un gusto amargo el que C. Lago use las páginas de El Espectador (que siempre ha mostrado una actitud positiva hacia la inmigración de venezolanos) para promover una visión discriminatoria hacia este grupo de población.
Germán Gutiérrez.
Los macrones
Nos venden a Duque como “el Macron latinoamericano”. ¿Quiénes son, acaso, esos “macrones”? Jóvenes pintando canas que, salidos de alguna parte, resultan designados para salvar la democracia. Pero, ¿por qué esta dama que data de aproximadamente 25 siglos podría ser “salvada” por imberbes? ¿Acaso es un problema de la democracia, de los imberbes o, peor, de países adolescentes que, como Colombia, buscan adolescentes para ser gobernados?
Bernardo Congote.
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