Sin Transmilenio en la 7ª, sin metro en Bogotá
Después de muchos años de discusiones de Transmilenio por la 7ª, veo cómo repetimos el ciclo de cada tres años: proyectos hechos por un alcalde los toma el siguiente mandatario para botarlos a la basura, para sacar adelante sus propios planes, hechos tan de afán que resultan antitécnicos, por lo que terminan demandados por todo el mundo.
En el caso de Peñalosa, los estudios no es que sean malos, son inexistentes, al punto de que un juez no recibió los estudios que él solicitó al Distrito. Con esto, todos los argumentos de parte de la Alcaldía, que dice que es un alegato político, que es una falta de atención a los más pobres del norte, no tiene fundamento. Esto es un hecho que genera desconfianza en una ciudad que no se levanta todavía del robo de Samuel Moreno y usan ese discurso para evadir el alegato técnico.
Se supone que para avanzar se tiene que construir sobre lo construido, pero construir sobre renders genera unos costos a largo plazo peores que el deprimido de la 92. Lamentándolo, creo que la Procuraduría está en lo correcto esta vez.
Rafael Moreno.
Una felicitación
Felicitaciones al diario El Espectador por la incorporación como columnista del gran político e intelectual Humberto de la Calle Lombana. Asimismo, por la excelente crónica de Jesús Abad Colorado sobre el acompañamiento a los indígenas emberas en el sepelio de Aquileo Mecheche, otro más de los líderes populares asesinados en una espiral que no parece tener fin y a la que el Gobierno es indiferente, tal vez por estar más dedicado a secundar los planes de agresión a Venezuela orquestados desde Washington.
Jaime Jurado.
Hacinamiento o palacetes
Para los que han perdido la libertad, ni lo uno ni lo otro. Solo que se les garantice el derecho a vivir como seres humanos: salud, alimentación, resocialización, entre otros.
Pero en Colombia, o lo tienen todo, o lo mínimo es escaso. Me refiero hoy al combo que no quiere perder su buen vivir, como los “doctores” que lo han tenido todo: políticos, parapolíticos, togados, mafiosos, depredadores de dineros de la salud y del erario que “purgan” o esperan sus penas en algunos reclusorios en espacios “VIP”, con gimnasios, chefs, celulares, bebidas alcohólicas, en fin… viven como Pedro por su casa y son un desafío para la ciudadanía y el Estado que depositó en ellos su confianza.
Los hechos señalados y, lo que no es nuevo, las recientes capturas de directivos y funcionarios de algunas prisiones hacen impostergable revisar el sistema carcelario sin soslayar su privatización o constitución de APP para combatir lo endémico: hacinamiento y corrupción.
Hernán Salazar Hurtado.
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