¿Improvisación o viveza?
Cruce de sentimientos y emociones al adquirir y probar un tapabocas vendido por un prestigioso almacén de cadena. Al solicitar un pedido a domicilio y encontrar que había existencias de ese producto, lo primero que sentí fue la alegría porque se estuviera produciendo en Colombia para cubrir las necesidades en esta pandemia y por la oportunidad de exportar a países con iguales o mayores limitaciones económicas. Hice el correspondiente pedido, encontrándome con la siguiente frustración: el tapabocas me quedaba pequeño y no cubría correctamente las áreas a proteger de la cara, generando riesgo e inseguridad en su utilización. Ante la incomodidad sentida, comparé este producto con otra marca de tapabocas y con las medidas estándar sugeridas, consultadas en internet, encontrando que para un buen desempeño del tapabocas hay medidas para niños y para adultos. El producto adquirido simplemente anuncia talla única sin registrar medidas. El tamaño del producto comprado es de 16 cm x 8 cm, mientras lo sugerido por Minsalud es de 20 cm x 15 cm para adultos y de 18 cm x 12 cm para niños. ¿Improvisación o viveza en ahorro de tela por parte del productor, a riesgo del consumidor que compra y confía?
Francisco Javier Cajiao G. Bogotá.
Reconocimiento a los maestros
En estos tiempos de dificultades y cuarentena obligatoria que nos han forzado a dar un giro a las dinámicas sociales, quiero hacer una invitación par a que se haga un reconocimiento público y permanente a los miles de maestros que han tenido que afrontar, de forma inesperada, un cambio radical en la enseñanza de una enorme población de niños, jóvenes y adultos, aportando de forma significativa en la construcción de este nuevo tejido social. ¡Aplausos para todos los maestros!
Rosa Cristina de Andréis Pacheco.
La Ley 100 y las EPS
Es difícil creer en la carencia de sesgo de parte de Gustavo Morales, presidente de la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (Acemi) que agremia a las EPS. Lo primero que debería informar y reconocer es que tiene un conflicto de intereses por ser el representante de los beneficiarios del sistema. Como médico que vivió y trabajó antes y después de la Ley 100, le informo que si hay que reconocer algo loable de dicha ley es su enunciado “salud para todos los colombianos”, que se quedó en un propósito incumplido después de dos décadas con quiebras de múltiples hospitales y empobrecimiento constante de los prestadores de salud, con intermediarios que se han lucrado del sistema.
Es contraevidente mostrar estadísticas sobre cuántas atenciones se han brindado en la crisis, también lo es desconocer las condiciones en que se han prestado dichos servicios, que distan de ser seguras y de calidad. Las cifras de personal de salud contagiado y fallecido lo indican.
José Antonio Caicedo Arana.
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