Los cultivos ilícitos en Colombia han sido históricamente la causa fundamental de muchos de los problemas del país, y en ellos recae el origen de tantos hechos vergonzosos, como violencia, narcotráfico, conformación de grupos armados delincuenciales y todo lo que esto conlleva. Para reducir el ritmo de crecimiento de los cultivos, Colombia ha adoptado distintas estrategias, desde la erradicación manual y sustitución de cultivos hasta la fumigación con glifosato. Esta última es de las más polémicas, la cual, en mi humilde opinión, considero muy poco efectiva a largo plazo.
Pienso que en un país que no ha cambiado mucho sus políticas sociales, es vano seguir creyendo que técnicas como la aspersión con glifosato tendrán éxito en el futuro. Empezando con que, si no se ataca el problema de raíz, se podría fumigar la tierra infinitamente y aun así no ser suficiente. Teniendo en cuenta los problemas de salud que se desencadenan en las personas que viven en zonas rurales donde se realiza la fumigación, y comparando la ineficacia a largo plazo de este método con los demás, puedo concluir que la fumigación con glifosato no solo es la más perjudicial, sino también es un esfuerzo en vano, teniendo en cuenta que la verdadera solución radica única y exclusivamente en mejorar las políticas sociales. Estas van desde mejorar la calidad de vida de las personas hasta invertir mucho más en su educación. Recursos van y vienen en el país, pero lo invertido en investigación, ciencia aplicada, un buen sistema de salud y político es muy poco. Y al referirme a un buen sistema político, también hay que hacer énfasis en sacar al país del deshonroso lugar de los países más corruptos del mundo. Por estos hechos y muchos más, se ha generado históricamente en Colombia un problema social enorme del cual el Gobierno se ha olvidado, tanto así que no se han formulado preguntas como: ¿fumigar los cultivos con glifosato realmente soluciona nuestro problema a largo plazo? Es fundamental reflexionar sobre el hecho de que tal vez ningún método para erradicar los cultivos sea efectivo y que si queremos una verdadera reducción de ellos, sería buena idea reducir primero las brechas sociales, la injusticia, la corrupción, etc.
¿Realmente vale la pena fumigar con glifosato, teniendo en cuenta que no es la raíz del problema y que su uso infinito perdurará si seguimos invirtiendo en los corruptos y menos en la gente? Es muy posible que sea más provechoso reflexionar sobre la viabilidad de cambiar nuestra forma de ver los problemas, ya que el hecho de que nos esforcemos por solucionarlos no quiere decir que lo estemos haciendo.
Francisco Manuel Lozano Regino
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