Rebelde, físico, matemático y poeta
Nicanor Segundo Parra Sandoval murió a los 103 años (San Fabián de Alico, septiembre 5 de 1914 – Santiago, enero 23 de 2018). Nació poeta pero estudio física y matemáticas. De su poema Coplas del vino: “El vino tiene un poder / Que admira y que desconcierta/ Transmuta la nieve en fuego / Y al fuego lo vuelve piedra”. El último brindis: “Lo queramos o no / Sólo tenemos tres alternativas: / El ayer, el presente y el mañana. / Y ni siquiera tres / Porque como dice el filósofo / El ayer es ayer / nos pertenece sólo en el recuerdo: / A la rosa que ya se deshojó / no se le puede sacar otro pétalo…”. No tragaba entero, por eso fue el antipoeta. Refleja en su obra no sólo a su país, Chile, sino a Latinoamérica. Vanguardista y terco como su hermana, la folclorista y poetisa Violeta Parra, quien se suicidó a los 49 años. Ateo anticlerical, rompió con el academicismo del verso rígido y ceremonial. Adiós, bardo de 103 luchas y 103 batallas. Los poetas no mueren, trascienden con la luz de las estrellas.
Helena Manrique Romero. Bogotá.
Felicitaciones
Conociendo el espíritu libre e independiente de El Espectador, ya echaba de menos un editorial como el de ayer (25-1-2018): “Colombia no puede culpar a los venezolanos”.
Mi lugar de nacimiento, Codazzi (Cesar), es una muestra de los lazos de hermandad que durante décadas ligaron a los dos países, siendo Colombia el hermano pobre. Era tan poderoso el imaginario venezolano en nuestras mentes que el pueblo que menciono lleva el nombre del geógrafo italiano que antes de trazar el mapa de Colombia, ya había hecho el de Venezuela, donde residía. Del mismo modo, uno de los barrios más antiguos de Codazzi (Machiques) lleva el nombre de una población venezolana al otro lado de la serranía de Perijá.
Hasta hace unos años se escuchaba que alrededor de cinco millones de colombianos vivían en Venezuela, desempeñándose en todos los oficios, especialmente en el campo y en labores domésticas. Por eso duele tanto que a los hermanos de la patria de Bolívar, expulsados por la crisis socioeconómica de su país, se les dé trato de parias, se les expulse y se los maltrate.
Bien por El Espectador, que desde el desierto de la ingratitud lanza este grito por la dignidad de los hermanos venezolanos.
Donaldo Mendoza.
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