Un saludo a El Espectador: antier, nuevamente, no llegó el periódico y me quedé esperándolo para leerlo, en el entendido de que ese día debía venir un numero especial, por los festivos.
En aproximadamente mes y medio ha faltado tres veces, lo que no me parece bien… Les agradecería corrigieran esta mal servicio.
Atentamente,
Eduardo Matyas. Bucaramanga.
‘Alfonso Cano’
Murió alias Alfonso Cano, quien fungiese como heredero de Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. Cayó bajo las bombas de una modernizada Fuerza Aérea y las certeras balas de los comandos en tierra del Ejército. Es el momento de repasar algunos aspectos reveladores de su vida familiar y social. En un país con firme vocación agrícola, pero también víctima de la extendida expoliación de tierras, su padre fue agrónomo de profesión. En el país de la vieja deuda educativa, que en la actualidad viene generando multitudinarias protestas estudiantiles, su señora madre fue maestra por convicción. En el país de renombrados poetas, su nombre de pila tuvo por origen la admiración que profesara su progenitor por el ilustre poeta payanés. De otra parte, y teniendo en cuenta los renovados aires de la política nacional, resulta muy significativo que su hermano Roberto Sáenz esté ocupando una curul en el Concejo Distrital, actualmente a nombre del movimiento Progresistas, liderado por el recién elegido alcalde de Bogotá. Su silencioso aporte a la paz es innegable. Sin embargo, no deja de ser paradójico que el controversial legado de Cano, manchado por la sangre de la confrontación armada y fratricida, sea desde ya elemento imprescindible para el análisis de las contradicciones históricas de una Colombia que, en pleno Siglo XXI, aún se sonroja por estar ocupando uno de los primeros lugares de inequidad en el mundo. Injustificado y dañino estado de cosas que no impide entender la gran verdad de perogrullo de que el camino de la paz es preferible al de la guerra. Es por ello que no hay lugar a exagerados triunfalismos. Ha caído un jefe y lo sucederán otros, igualmente dispuestos a continuar el conflicto social y armado, cuyo cíclico aporte de sangre y de muerte siempre está a cargo de los hogares más pobres del país. Razón le asiste a Colombianos y Colombianas por la Paz, cuando expresa preocupación no sólo por la vida de los secuestrados, hoy convertidos en desvalorizado botín de guerra, sino por la ambigüedad que parecería acompañar los anuncios del presidente Santos de tender puentes de paz al tiempo que prepara nuevas ofensivas para derribar los mismos.
Ramón Francisco García. Ocaña.