El pastor
Asombran la desfachatez y la violencia verbal con que el pastor Miguel Arrázola, en la ciudad de Barranquilla, en calidad de ministro de una supuesta iglesia cristiana, amenaza de muerte al periodista que tuvo la valentía de denunciarlo por corrupto y malversador de los fondos de su iglesia, para favorecerse él y algunos de sus familiares.
Lo que más asombra es ver a este supuesto ministro evangélico jugándosela toda por un partido político, cuyos dirigentes encuentran en las iglesias evangélicas una mina de plata para conseguir apoyos electorales y, por supuesto, los votos.
Colombia ya vivió una época negra y dolorosa, donde muchos curas arengaban en sus parroquias para que los feligreses votaran por determinados candidatos so pena de ser excomulgados y apartados del rebaño de la Iglesia Católica Romana. Por supuesto que estos pronunciamientos divisorios del rebaño propiciaron mucha violencia, de la cual afortunadamente hemos salido con grandes sacrificios.
Obviamente causa rechazo unánime ver y oír personas subidas en una tarima mezclando textos bíblicos con arengas amenazantes, como cualquier político de pueblo, o todavía más grave, insinuando que tiene el poder y la prepotencia para ordenar a sus sicarios que acaben con la vida del periodista que osó publicar los métodos anticristianos y antievangélicos que está usando este falso pastor de almas y metido hasta los tuétanos con campañas políticas.
Está más que comprobado que la religión y la política son como el agua y el aceite, jamás se pueden juntar, y los ministros y pastores que quieran hacer política personalmente o a favor de algún candidato deben apartarse del púlpito porque, como lo dijo el señor Jesucristo: “No se puede servir a dos señores al mismo tiempo”, esto es, a Dios o al político.
Luis Castellanos García. Bogotá.
Fe de erratas
En la revista Buen Viaje VIP, que circuló el pasado domingo 19 de marzo con la edición impresa de El Espectador, se publicó por error una fotografía de Manarola, un pueblo italiano, acompañando un artículo de Francia. Nos disculpamos con nuestros lectores por esta equivocación.
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