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Una carta sobre impuestos y una precisión sobre el origen de una vajilla

28 de diciembre de 2021 - 12:00 a. m.

Corte Constitucional, superricos y progresividad

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En su columna del domingo 12 de diciembre, titulada “Los superricos y los impuestos”, el constitucionalista Rodrigo Uprimny, al referirse a Warren Buffett y Bill Gates, afirma: “Comprenden que una tributación progresiva, en la que los más ricos paguen tarifas efectivas más altas (…) es necesaria para reducir esa desigualdad corrosiva”. Tiene razón el doctor Uprimny. La progresividad consiste en que a medida que aumenta la renta líquida gravable, aumentan las tarifas efectivas. Es el caso del impuesto sobre la renta. Lo sabe todo el mundo menos la Corte Constitucional, que en su sentencia C-521 de 2019 dice lo siguiente: “La Corte considera que la tarifa del 1 % del impuesto al patrimonio, establecida por el artículo 38 de la Ley 1943 de 2018, es una medida razonable, adecuada y proporcional frente al principio de progresividad, por cuanto, para lograr un mayor recaudo tributario (finalidad de la Ley 1943 de 2018) y hacerlo de forma eficiente, establece una tarifa simplificada del 1 % para el impuesto al patrimonio”. Definitivamente, para garantizar la independencia de la Corte respecto de los otros poderes públicos, hay que volver a lo que existía antes de 1991, pues ahora es el poder político el que elige a los magistrados en vez de que sean los jueces los que elijan a los jueces, como entonces.

Édgar Sema Gómez.

Aclaración a una columna culinaria

Con sorpresa leí el comentario de la señora o el señor crítico de gastronomía de El Espectador sobre el nuevo restaurante de Leo Espinosa (Para serle franco, “En territorio de Leo y Laura”, 22/12/2021). Supongo que sus conocimientos se basan en su experiencia y también en lo comentado con la responsable del lugar que, viniendo de una persona de reconocida fama, dio por cierto, pero resulta que la vajilla que luce cada uno de los platos del nuevo menú y las botellas en donde sirven las bebidas del lugar no proceden de Ráquira, como él o ella dice, sino de Salvaje, la firma que dirige María Isabel Cano, mi nieta, una alfarera y ceramista dedicada al estudio y la confección de este arte en Colombia. Me extraña que escriba con tanta ligereza sin verificar los datos o que haya sido una persona como Leo Espinosa, que conoce por experiencia lo difícil que es labrarse un futuro y tener éxito, la que se niegue a reconocer los méritos de esta joven y no la apoye. Sugiero verificar antes de escribir. Por lo menos eso es lo que hacíamos durante los largos años en que en este mismo periódico tuvimos, junto con mi hermana, el honor de escribir la crítica culinaria bajo el seudónimo de “La gata golosa”.

Ana María Busquets de Cano.

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