La columna titulada “El DIH y la guerra en Medio Oriente”, del profesor Rodrigo Uprimny, publicada en la edición de El Espectador del pasado 22 de octubre, sobresale por su claridad en medio de tanta desinformación, sesgos y tergiversación de hechos y contextos, alimentados por los prejuicios y el odio. Sin embargo, es pertinente complementar con otros ejemplos la posición que asume el columnista.
Realizar operaciones militares desde lugares habitados por población civil, utilizar edificaciones civiles como depósitos de armas o con cualquier otro propósito militar son conductas prohibidas por los Protocolos de Ginebra. Innumerables testimonios, videos, fotografías demuestran fehacientemente el lanzamiento de misiles hacia Israel desde lugares densamente poblados a lo largo y ancho de la Franja de Gaza, incluidos barrios residenciales, mezquitas, colegios y hospitales. Estas circunstancias convierten esos mismos sitios en objetivos militares legítimos, y la utilización de los llamados “escudos humanos” para defenderlos o disuadir al enemigo de atacarlos es un crimen de guerra.
Desde la Franja de Gaza se han lanzado a territorio israelí miles de misiles, algunos de fabricación iraní, de mayor alcance y capacidad destructora, lo que constituye una prueba plena de la intención de causar daños sin distinguir si se trata de objetivos civiles o militares. Cada misil disparado desde Gaza hacia territorio israelí también constituye un crimen de guerra.
Por esa razón, si la “proporcionalidad” que menciona el profesor Uprimny se refiere a que un objetivo civil solo es permitido por el DIH cuando la ventaja militar consiguiente es proporcional al daño causado, al menos los militares israelíes cuentan con la posibilidad de discutir el tema en cada caso. Pero los dirigentes de Hamás no resisten un juicio de proporcionalidad: los misiles lanzados contra Israel, cada uno de ellos, no distinguen entre objetivos civiles o militares: todos son ataques indiscriminados, sujetos a sanciones por constituir claros ejemplos de crímenes de guerra. Es el problema de los llamados “conflictos asimétricos”, cuando una de las partes es un actor no estatal, una organización armada que desprecia el DIH, como lo ha demostrado Hamás desde hace rato y lo corroboró el 7 de octubre pasado, cometiendo la masacre más atroz contra el pueblo judío desde el Holocausto.
Jaime Rosental R. Abogado.
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