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Una estrategia para “mojar prensa”

09 de septiembre de 2020 - 12:00 a. m.

El registrador Alexánder Vega Rocha, con foto en la prensa, anunció desde enero que “la actualización de la cédula de ciudadanía (…) será el paso a la ciudadanía digital”, la cual contendría códigos QR que, al ser escaneados, mostrarían datos vitales de la persona como la información biográfica, el tipo de sangre, el registro civil y hasta la historia clínica. La estrategia hace que surjan más preguntas que respuestas. Señor registrador, en un país donde desde la Casa de Nariño se solicita que a más de 400 influencers se les haga un “discreto” seguimiento de sus opiniones, para determinar si son negativas, positivas o neutras según el sentir de la Presidencia, pregunto: ¿esta información será incluida en la nueva cédula? En un país donde se asesina por “líos de faldas”, por “ir a coger caña”, por “forcejeos”, porque fueron señalados como “juventud Farc” o por cualquier otro motivo, ¿un retén de control para “seguridad ciudadana” tendrá acceso al “discreto seguimiento”? ¿No hace esto más vulnerables a los ciudadanos?

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Ahora bien, ¿esa “ciudadanía digital” en qué contexto funcionará? Según el Informe global de tecnología de la información publicado en mayo de 2019, donde se muestran los perfiles de 143 países, se puede leer que “la revolución de las TIC no ha llegado hasta ahora a gran parte del planeta. Muchos de quienes más podrían beneficiarse de ella aún no están conectados. A fin de aprovechar mejor las TIC para el desarrollo, se necesita un mayor nivel de preparación y una mejor infraestructura y acceso. En este contexto, el liderazgo y la visión del gobierno son fundamentales. Finalmente, observamos que existen brechas digitales dentro de los países. Incluso en las economías más avanzadas, solo ciertos segmentos de la población se benefician de las TIC. Muchos se quedan atrás debido a su edad, alfabetización digital limitada, falta de acceso o lejanía” (pág. 1).

El resumen de datos de tecnología de la información y las comunicaciones se hace “sobre cobertura y uso de banda ancha y móvil, índices populares e información sobre robótica, big data, computación en la nube y ciberseguridad”. La escala de valoración de los países va de 1 (peor) a 7 (mejor), considera esas varias dimensiones y las presenta en el Índice de preparación en red (NRI por su sigla en inglés). Da a Colombia un NRI = 4,10, el cual indica que hace falta mucho, tal como nos acaba de retratar el COVID-19 al pretender hacer teletrabajo o educación en línea. Sin salirnos del contexto nacional, basta ver la inestabilidad del servicio de conexión a internet que se ofrece, donde hay que pelear para tener un plan que ofrezca 10MB (sin que le encimen el paquete de canales “en oferta especial”); el cableado de fibra óptica, con su “solución de último kilómetro”, no llega y tampoco hay cubrimiento en el país con la señal TDT.

En resumen, señor registrador, vamos a tener un artefacto que no hará juego con nada a su alrededor y que bien pudiera ser la cereza del ponqué una vez estemos realmente interconectados. La “ciudadanía digital” no se obtiene ipso facto al portar el documento. Hace falta un trayecto bastante largo para compararnos con Estonia, primer país digital del mundo. Por lo pronto, creo que el afán del anuncio era para madrugar en el 2020 a mostrarse como un tecnócrata y “mojar prensa”.

Carlos R. Torres Sánchez

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