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Una foto

19 de marzo de 2012 - 08:00 p. m.

Bajo el título de «Un grito por la paz», El Espectador publicó el martes 13 de marzo del presente año una fotografía de «un niño refugiado sirio (que) grita consignas contra el régimen de Bashar al Asad…».

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La misma me suscita un par de comentarios, muy personales por supuesto, que quiero compartirles.

El primero es que ese niño no debe tener más de diez años, edad a la que no se ha formado el pensamiento analítico como para que él pueda comprender la complejidad de la política y la atrocidad de la guerra. En condiciones normales, apenas podría comprender las normas elementales de su vida infantil: las de la lúdica y las de la vida escolar y familiar, sin que sobre ellas pueda ser un analista competente; menos podrá serlo de su propio contexto. En este sentido, la fotografía no pasa de ser una utilización poco inteligente de la inocencia infantil para inclinar a la opinión pública en contra de quienes algunos consideran un tirano.

El segundo es que no sólo en Colombia, sino en el mundo, se ha venido trabajando la necesidad, esa sí muy inteligente, de sacar a los niños (entendido como todos los menores de edad, así sean adolescentes) de los conflictos, especialmente si cumplen el papel de combatientes. La fotografía muestra a un niño en una actitud beligerante, de lo que se supone que su papel no es logístico (estafeta, centinela, qué sé yo). La publicación en sí traería, a su vez, dos consecuencias:

La primera consecuencia es que El Espectador, de alguna manera, está haciendo apología de los niños combatientes y en tal sentido le quedará en lo sucesivo muy difícil pronunciarse sobre el horror de los niños colombianos inmersos activamente en el conflicto. Carecería de toda autoridad moral para opinar sobre el tema.

La segunda es que queda claro que las publicaciones del diario están bien cargadas de un juicio de valor pernicioso y reproductor de la violencia: si es contra un gobernante que se toleró por más de un cuarto de siglo y que por arte de magia fue ascendido a la categoría de tirano, cualquier arma vale, hasta usar la imagen de un niño para desprestigiarlo.

El niño y su vinculación a la guerra no son buenos o malos dependiendo de a quién apoyan. Es simplemente malo que los niños, de cualquier manera, estén en la guerra y es éticamente inadmisible que se use su imagen como si nada estuviera pasando.

Alfonso Pérez. Bogotá.

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