Con todo respeto me dirijo a ustedes para plantearles una serie de inquietudes que despertó en mi familia la publicación de una fotografía en la edición de El Espectador del último domingo en la sección Alto Turmequé, en la que se muestra al señor fiscal de la nación, Néstor Humberto Martínez, tomando un descanso en una playa caribeña en compañía de su familia inmediata, entre ellos unos menores de edad.
No voy a entrar a discutir el valor informativo de esa fotografía, que creo es poco, justo cuando la izquierda colombiana y otros delincuentes perseguidos por la ley representada en el señor fiscal intentan manchar su nombre con marchas y quema de banderas, pues entiendo que esa es una sección de chismes y consejas que en mala hora se han convertido en parte esencial de nuestros medios de información. Pero incluso así, me asaltan numerosas dudas sobre la responsabilidad que un medio que considero respetable como El Espectador debería tener antes de querer burlarse de la justicia y exponer a unos menores de edad ante esa horda de perseguidores del fiscal.
¿Qué querían mostrar con esa fotografía? ¿Que el fiscal no trabaja porque como cualquier mortal toma unas vacaciones con su familia? ¿O acaso que desprecia las críticas y manifestaciones en su contra durmiendo plácidamente mientras los agitadores se rasgan las vestiduras? ¿O acaso también que está tan seguro de la inutilidad de esas protestas que puede dormir tranquilo porque sabe que nada le pasará por muchas banderas que quemen para que se vea mejor la del M-19? Tacaron burro, como dicen, porque lo que muestra su sueño profundo es que sabe que está cumpliendo con su labor y puede tener la conciencia tranquila. El que nada debe nada teme.
La duda adicional sobre la decisión de publicar esa fotografía es mucho más grave, en tanto que en ella aparecen dos menores que han sido expuestos sin ningún respeto por ellos. ¿Matoneo familiar? ¿Exposición incómoda para que estos menores no quieran estar con su abuelo? En esto me queda más difícil entender la intencionalidad, pero lo que sí les digo es que han fallado a la responsabilidad que les exige la Constitución. Por mucha informalidad con que quieran defender su sección de gracejos, consejas y chismes, han jugado con la reputación de unos menores y, lo que es peor, los han puesto en peligro.
No, no es para encontrar este tipo de bajezas que compramos El Espectador. Vuelvan a lo que por tantos años han hecho bien: informar con responsabilidad. Se los agradeceremos.
Antonio Suárez Restrepo, Itagüí.
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