La carta dirigida por la periodista Patricia Lara al comandante del Eln motivó estas líneas. Me uno a ella para manifestar la indignación que produce la postura del grupo guerrillero.
Su objetivo fundacional y fundamental de liberar al pueblo oprimido de la explotación impuesta por una élite política y económica fracasó. Si algunas conquistas en materia de justicia social se han logrado o van en camino en los últimos años no es gracias a ellos.
Su lucha armada como método para denunciar y promover la solución a las necesidades sociales no ha hecho mella en esa clase dominante y, por el contrario, ha sembrado la muerte y la destrucción en los territorios donde opera. El daño que desde hace casi 60 años viene causando a mujeres y hombres campesinos es inconmensurable, y sus destrozos a los recursos naturales son catastróficos.
El reclutamiento forzado de niñas y niños, las masacres, el secuestro, la instalación de minas antipersonas, la toma violenta de poblaciones, los ataques terroristas y los daños ecológicos por atentados a las infraestructuras eléctrica y petrolera son sus aportes al anhelo de un mejor país.
¿Cómo es posible que muestren tanta arrogancia? La innegable torpeza cometida por el presidente Petro no puede ser utilizada como excusa para prolongar esta tragedia.
¿Qué “agenda” pretenden? ¿De qué diagnósticos y soluciones están hablando? Los principales cambios que necesita el país ya están formulados y ordenados en la Constitución Política de 1991 y en el Acuerdo suscrito con las Farc. A estas alturas, el único punto de discusión con el Eln debería ser el cese de hostilidades y la manera de proceder a su desmovilización.
La “participación democrática de la sociedad” a la que apelan en su comunicado hace rato reclama que paren los muertos y termine el desgaste humano, ecológico y económico que demanda defenderse de insurgencias pasadas de moda. Deténganse ya señores del Eln y permitan al país concentrarse en poner en marcha las soluciones urgentes que siguen pendientes.
Varias personas, cada vez más, están proponiendo que nos manifestemos masivamente para exigir al Ejército de Liberación Nacional, y demás actores violentos, que de una vez por todas se pongan serios y hagan algo bueno por Colombia, dejen las armas, se disuelvan e integren a la sociedad.
Estoy de acuerdo. La movilización masiva es una acción política no violenta a nuestro alcance. Ojalá podamos dejar a un lado la indiferencia y organizarnos en una sola voz legítima y contundente que no puedan desconcer.
Zulmara Pardo Touceda. Bogotá
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