Muy importantes el debate y los foros patrocinados por El Espectador sobre los graves problemas ambientales en que se encuentran el mundo y el país.
En países como Francia, después de las reuniones de Naciones Unidas sobre cambio climático, los ministerios comprometidos convocan a la “sociedad civil” para informar sobre el curso de las negociaciones, las implicaciones sobre la economía y la sociedad, la posición del país en la conferencia y la forma como se planea contribuir a reducir emisiones y adaptarse al cambio. El reciente foro de BiBo tuvo un gran nivel técnico y político: en éste, representantes del Gobierno, la academia, ONG y amplios sectores intercambiaron información y conocimientos sobre las negociaciones de cambio climático, la posición de Colombia en la próxima reunión de Lima y la preparación para la reunión de París a finales de 2015. En ésta se espera un nuevo acuerdo global que garantice el control de emisiones de gases de efecto invernadero, como los que se producen en los motores de combustión de los vehículos, en la producción de electricidad en las térmicas, en la fabricación de ladrillo, cemento, acero y vidrio, en la deforestación, en la ganadería y en otras actividades.
La posición de Colombia ha cambiado: ahora está dispuesta a considerar la reducción de emisiones en todos los sectores productivos y la incorporación de nuevas tecnologías. El Gobierno y muchas regiones y municipios se proponen adelantar planes de adaptación al cambio climático. Por ejemplo, frente al ascenso del nivel del mar, la erosión costera, los cambios en el régimen de lluvias y el aumento de la temperatura promedio en muchas zonas, especialmente en la alta montaña, con efectos que ya son importantes sobre la producción agropecuaria, las infraestructuras urbanas y de transporte, la industria y la minería. Esto es real: las costas colombianas sufren el impacto del ascenso del nivel del mar, como en Cartagena. Muchas de nuestras ciudades, no sólo La Guajira, están en riesgo de desabastecimiento hídrico como São Paulo. Sin embargo, hacemos carreteras por debajo de las playas de Cartagena y viviendas gratis sin considerar el ambiente ni la calidad de vida de los beneficiarios, y tenemos que visitar al Ecuador para ver cómo se construye una infraestructura moderna.
Por todo esto es importante reconsiderar los procesos de licenciamiento ambiental con el fin de que el crecimiento económico no sobrepase los límites de la naturaleza en su desaforado impulso. Pero hay quienes se empecinan en no ver.
Pablo Leyva. Bogotá.
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