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Violencia

08 de abril de 2014 - 09:38 p. m.

La delincuencia y la criminalidad nos tienen duramente golpeados. La guerrilla, por un lado, tratando de demostrar poderío bélico por medio del terrorismo, cuando la verdad es un grupo famélico de poder, que navega en un nubarrón de ilusiones, porque cree que los colombianos, por el anhelo de paz, vamos a perder la memoria de la horrenda estela de barbarie, permitiendo que los principios de justicia y reparación se resquebrajen. Para que haya acuerdo de paz deben comprometerse a pagar por los crímenes y reparar hasta la última víctima. Las delincuencias organizada y común están haciendo de la suyas en lugares que están totalmente identificados, donde el descaro y la sevicia se han desbordado. Existen planes, programas, estrategias, recursos y medios, pero qué: lo cierto es que la situación continúa crítica. Es indefectible que se encuentren las formas eficaces para controlar estas nefastas manifestaciones. Entre todos los colombianos debemos hacer análisis social para encontrar las fórmulas, acudiendo a todas las herramientas posibles, como algoritmos, software, la bola mágica, los métodos científico, empíricos, sociales, tecnológicos y matemáticos. Es urgente que se encuentren las posibles soluciones; son exigibles los diagnósticos precisos para atacar los problemas con efectividad. La sociedad no aguanta más violencia, inseguridad y afectación a la convivencia. Se están convirtiendo en males endémicos, hasta el punto que se está hablando de una sociedad enferma, y si no se encuentran las soluciones llegará la desesperanza…

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Es una responsabilidad importante de los mandatarios locales, territoriales y del Gobierno Nacional, abrir espacios sociales que permitan construir métodos precisos según las circunstancias contextuales. No pueden seguir posponiendo el encaramiento del grave problema de violencia e inseguridad. Estas condiciones hacen que varias partes de nuestro territorio se vuelvan inviables, estigmatizadas, es decir, fallidas. Queremos seguridad, tranquilidad y convivencia.

Édgar Bejarano. Bogotá.

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