Nada diferente a lo que ya se sabía se dio en el debate político por paramilitarismo en el Congreso, entre los senadores del Polo Democrático Iván Cepeda Castro, citante, y Álvaro Uribe Vélez del Centro Democrático.
Definitivamente se odian. Cepeda aduce —con pruebas— que Uribe es el padre del paramilitarismo en Colombia y Uribe afirma que Cepeda —con pruebas— pertenece a “la far”. Sus padres fueron asesinados. Alberto Uribe Sierra, caballista, por las Farc, y Manuel Cepeda Vargas, de la Unión Patriótica, por los paramilitares.
El procurador Alejandro Ordóñez, con las pruebas que las dos partes presentan, debería destituirlos. ¿Por qué? Porque a la hoy exsenadora Piedad Córdoba, quien fue destituida e inhabilitada por 18 años por Ordóñez, se le comprobaron nexos con las Farc, información encontrada en los computadores de Raúl Reyes, los mismos donde supuestamente también aparece Cepeda vinculado a esta guerrilla.
Cepeda hizo lo mismo, llevó sus pruebas contra Uribe, no sólo como paramilitar, sino cuando fue gobernador de Antioquia y director de la Aeronáutica Civil proporcionando avionetas a los narcotraficantes.
Uribe ha dicho en muchas ocasiones que él sí ayudó a formar las Convivir, por eso entendemos su fuga en pleno debate, para denunciar a Cepeda ante la Corte Suprema de Justicia por fariano. Insultos, gritos, epítetos como: “sanguijuela de alcantarilla” por parte de la senadora Claudia López ante la estrepitosa salida de Uribe y su séquito, fue lo que primó en el vehemente debate. ¿Pasará algo judicialmente? Uribe sigue afirmando que a la campaña de reelección de Santos entró dinero del narcotráfico. No sería a la única. Preguntémosle al expresidente Ernesto Samper. Quedamos a la espera de soluciones judiciales, porque el cacareo de las dos partes ya nos tiene hartos.
Helena Manrique. Bogotá.