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¿Y los ministros qué hacen?

29 de octubre de 2018 - 12:00 a. m.

Es ya un lugar común hablar del incumplimiento en todos los sectores de la vida del país. Lo han dicho desde hace tiempo las víctimas de la violencia, lo dicen los victimarios, tanto los reinsertados como los volados, lo expresan de manera permanente los alcaldes municipales, lo manifiestan públicamente los líderes sociales (y por eso los matan), no dejan de gritarlo los usuarios de las EPS incumplidoras de tiempo inmemorial, lo han proclamado los campesinos cansados de paro en paro hasta que les llega el olvido, ni hablar de los maestros, y ahora los estudiantes de las universidades públicas y privadas, que vienen repitiéndole al Gobierno lo mismo en diferente tono. En fin, si usted le pregunta al transeúnte o al ciudadano de a pie o a los jubilados, quienes han vivido un poco más que los anteriores, todos le van contar que el incumplimiento ha sido y es el común denominador. Todos buscan que no lo sea en un próximo futuro.

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Ante tanto incumplimiento solo resta preguntar ¿qué hacen los ministros? Todos. ¿Qué apuntan en sus agendas, aparte de los foros, entrevistas y cocteles? ¿Qué llegan a decirles a sus secretarios generales y al resto del supuesto equipo de trabajo después de las complicadas y eternas reuniones ministeriales? ¿En qué consiste la cadena de autoridad o jerarquía cuando el ministro emite una orden? Y la pregunta clave: ¿en qué instancia, en qué despacho u oficina se estancan las órdenes o se eternizan las decisiones y quién o quiénes son los encargados de hacer un seguimiento y el respectivo control? Claudia López le ha contado a la opinión pública que lo del combate a la corrupción ha tenido el mismo tratamiento: incumplimiento.

Hay muchas denuncias, grandes titulares de prensa, extensos reportajes, valiosas entrevistas, todos con sus verdades de a puño. Y el sentimiento común es el incumplimiento, eso sí con una gran habilidad para evadir responsabilidades de ministros y altos funcionarios. Por eso mi inquietud se centra en los miedosos, fatídicos e hipócritas mandos medios de la Presidencia, el Congreso, los Tribunales, los Ministerios, los entes territoriales, las Alcaldías y hasta los corregidores. Hasta en la más modesta dependencia hay un mando medio que obstaculiza, quizás es nombrado para eso, de otra manera no se entiende tanto, pero tanto incumplimiento. ¿Cómo y quién lo va subsanar? He ahí la cuestión.

Ana María Córdoba Barahona, Pasto.

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