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Y se salió con la suya

27 de junio de 2012 - 06:00 p. m.

Por razones personales o por las de los “antitaurinos”, Petro cerró la Plaza de Toros de Santamaría para las corridas de toros y la reservó únicamente para “actos culturales”.

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De modo que para Petro y sus áulicos, las corridas de toros (con la muerte del animal incluida) no solamente no son cultura sino que expresan actitudes de barbarie y crueldad para con los animales, ya que se le hace sufrir cruelmente al toro hasta matarlo. Y punto.

No han valido ni razones teóricas, ni laborales, ni tradicionales, ni artísticas, ni de ninguna especie. Ni las de un exalcalde y jurista como el doctor Castro, quien hacía en El Tiempo una sesuda exposición sobre las razones legales en contra de la clausura de la Santamaría.

En otra oportunidad, hablé de la necesidad de respetar prioridades a la hora de acometer la ingente tarea de mejorar la ciudad. El problema de los toros ocupa un lugar ínfimo en la escala de posibles tareas. Era una alcaldada fácil contra una minoría que no hacía daño a nadie ni iba contra nadie.

Sin embargo, el problema de la movilidad de la ciudad, por ejemplo, sigue campante, con miles de horas perdidas y un transporte maltratador e inhumano. Uno sale a la calle y comienza el calvario de un transporte caótico, contaminador, desordenado, con uno de los sistemas más absurdos del mundo: que los buses paren en cualquier sitio para recoger al pasajero y en cualquier sitio para dejarlo. Así se hayan detenido diez metros antes. Todo al capricho del pasajero o del chofer. Y para colmo, sobre vías llenas de verdaderos socavones o convertidas en trochas.

Los buses y busetas, fuera de los de Transmilenio, que todavía cubren un porcentaje bajo de pasajeros, son pequeños, viejos, ruidosos, sucios, envenenadores del medio ambiente. Además, están en manos de choferes cansados y explotados que llevan pasajeros como bultos de carga, sin consideración alguna, y más bien como quien transporta animales al matadero.

Y mientras millones de pasajeros sufren las consecuencias de un transporte de muy baja calidad, el alcalde Petro se da el lujo de imponer a una minoría que no hace mal a nadie su propia opinión y su propio capricho.

Francisco Tostón de la Calle. Bogotá.

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