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Abandonados en alta mar: carta de un sanandresano

11 de febrero de 2024 - 09:05 p. m.

Dice cierto refrán que en el fondo todos los políticos son iguales: prometen construir un puente incluso donde no hay río. Si hay algo que tienen en común tanto la izquierda como derecha en el país es su completo desdén por San Andrés: territorio del que se acuerdan solo cuando vienen las vacaciones de fin de año.

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No obstante, en el tiempo en que por ingenuos pensábamos que el abandono estatal no podía empeorar, con la nueva administración presidencial pasamos de la pandemia del coronavirus a la pandemia del hambre. Las islas sufren hoy lo que es la peor crisis económica en su historia: para algunos incluso comer más de una vez al día se convirtió en un lujo. El mar de los siete colores naufraga en medio del Caribe, frente a cierto mandatario cuya estrategia de gobierno es pelear en redes sociales sin concretar mucho (para no decir nada).

El triunfo de Gustavo Petro en San Andrés no del todo fue una sorpresa, ni mucho menos una cuestión de sectarismo político. Fue un voto de protesta en nombre de un pueblo que históricamente se ha sentido discriminado y sin voz ante las realidades cotidianas del país. Abandonados a nuestro propio destino, para algunos esta victoria representó un mínimo de esperanza, cuando inocentemente se pensaba que no había mucho más por perder.

Sin embargo, digamos por educación que la boca es el látigo del alma, en el sentido de que ahora la política se convirtió en el arte de prometer cambios para al final echar la culpa de todo fracaso al pasado mandatario. Así mismo, por más que se niegue, con el nuevo gobierno llegó el esplendor del centralismo, el desdeño por la periferia y la indiferencia para aquellos que en este país viven o sienten diferente, como lo es nuestro caso.

Posterior a la decisión de eliminar el subsidio a los combustibles, la Procuraduría General de la Nación anunció una disminución en la llegada de turistas superior al 68 % en el departamento. Solo para el primer semestre del presente año, el gobernador de las islas comunicó pérdidas económicas de más de $1 billón.

En un territorio sin capacidad de producción local y una dependencia casi total de dicho sector, sin importar el estrato, estas cifras son alarmantes en su totalidad. El turismo es el pan y manteca de todos los isleños, por lo que, al igual que en la pandemia, una crisis es un lujo que las islas no se pueden dar sin que implique un colapso social y humano.

Si bien la eliminación del subsidio fue una decisión fiscalmente responsable, no se puede gobernar las islas al estilo Bogotá, pensando que se tienen las mismas necesidades y problemas respecto a lo que ocurre en el resto del continente. Por años, los isleños hemos reclamado el reconocimiento de un enfoque diferencial para San Andrés, aún más cuando es el único departamento con una condición aislada de insularidad. Sin embargo, el único cambio que llegó con el nuevo gobierno fue una indiferencia mayor por las islas de la que ya veníamos padeciendo.

La Presidencia no es un reality show ni un laboratorio. No necesitamos todos los días una improvisación nueva en Twitter, la realidad es que estamos abandonados en altamar y la única cura son soluciones concretas. Gritar por nuestros derechos no es un asunto de derecha o izquierda, es una cuestión de sentido común. Esta no es una columna política, sino una carta de auxilio en nombre de San Andrés.

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