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Contémplese a sí mismo

28 de marzo de 2022 - 12:00 a. m.

El conocimiento de sí mismo es tan valioso como difícil de alcanzar. Para ello existen diversas técnicas que facilitan el trabajo, como la escritura de diarios íntimos. Aunque es calificado por algunos como un simple juego de señoritas, este hábito es, en el mejor de los casos, un proceso de introspección abismal. ¿Sabe usted cómo usarlos?

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En primer lugar se encuentra la descarga de los afectos. Ya que su amigo de confianza está harto de soportar sus quejas, aproveche para tomar un bolígrafo, un cuaderno y siéntese a escribir. Ánimo, no se preocupe por la claridad de la expresión, la ortografía o los tachones, eso no es un dictado de la clase de Español. Regurgite su sentimentalismo de una buena vez, como si fuese un puñado de sapos panzones que se agitan en sus entrañas. Deje que el desorden de la liturgia sea una representación de su propio estado interno.

Pero no se quede allí. Si acaso tiene la impresión de poseer ideas propias —y digo “la impresión” porque nunca se sabe muy bien de dónde provienen esos insectos escurridizos—, no deje que se esfumen de su cabeza sin más: atrápelas en una maraña de palabras. Una vez puestas a su disposición, la debida inspección le permitirá reconocer su valor para así desarrollarlas o abortarlas. Y aunque es usual que las estupideces se camuflen de genialidad, el poner las cosas por escrito será una prueba determinante para conocer la destreza de su ingenio.

Descubra los placeres y, por lo tanto, los vicios de este hábito. Capture sus experiencias más preciadas con una dulce y delicada narración. Deténgase en los detalles: el botón de una camisa, el susurro de las miradas, las sombras de los árboles al pasar. Si es de carácter nostálgico, el atesoramiento de sus vivencias cultivará jardines de ensueño a los cuales volver cuando el presente sea hostil. Frustraciones, remordimientos y alegrías marchitas pueden ser archivados con minuciosidad y revividos con gran intensidad en cada ocasión. Qué exquisito patetismo…

¡Alerta! No permita que las autolesiones lo desanimen. Si su carácter es alegre y cree que existirá un mañana para usted, fórjelo primero a través de la escritura. Elabore planes. ¿Qué proyectos, qué logros, qué aspiraciones desea realizar? Abaláncese con gallardía hacia el futuro al trazar el esbozo de su porvenir, porque ser es proyecto de ser.

Sea detallista. No se avergüence de anotar cada una de sus virtudes. Esa cabellera, esos ojos radiantes, esas piernas esbeltas merecen ser admiradas a la par que la belleza de su alma. Su serenidad, su determinación, las conquistas con las damas o los jugueteos con los caballeros: que toda su hermosura se pose triunfal en las páginas de sus diarios. Deléitese en la gloria de su vanidad.

Aunque tampoco olvide dar cuenta de sus fealdades. Refiérase a sus horrendas cicatrices, a sus manchas; repróchese por sus kilos de más o de menos, por su falsa filantropía, por su egoísmo mortal. Confiésese a sí mismo sus frustraciones sexuales, sus tímidos delitos. Desmorone su podrida personalidad, sus odios internos, sus contradicciones. Si acaso no encuentra nada, entonces he ahí el primer pecado de la larga lista.

Con todas estas cosas, su autorretrato estará listo. Pero antes de terminar no se olvide de lo más importante: contémplese a sí mismo. Sus pensamientos, recuerdos, ideas, proyectos, bellezas, porquerías: todo ello emana de usted, manantial de humanidad. Y aproveche cada uno de estos recursos para hacerse un favor: esfuércese por mejorar.

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