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Políticas de receta

17 de octubre de 2022 - 12:00 a. m.

En el medio económico, reza el dicho popular: “Ninguna crisis es igual a la anterior”. Frase que, en parte, se puede leer como que nunca estamos lo suficientemente preparados para atender una situación de vulnerabilidad económica con total acierto. Pese a ello, las autoridades económicas siempre pueden trabajar para estar listas en múltiples escenarios y actuar con efectividad.

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Ante situaciones completamente inesperadas, como crisis sanitarias o conflictos bélicos, aumenta la incertidumbre, hay pánico en los mercados, se pierde valor, la producción merma su capacidad, se reduce la oferta de bienes y servicios, los ingresos caen, aumentan la pobreza y la desigualdad, quedando daños colaterales de largo plazo que deben ser solventados con diligencia.

Los responsables de la política económica, tanto monetaria como fiscal, son algunos de los brazos de la institucionalidad para atajar cualquier vulnerabilidad y suavizar los choques, de ahí que cuenten con la capacidad técnica suficiente y estén preparados para atender eventualidades. No se duda de sus capacidades, porque son personas formadas con altos niveles de calidad y acumulan experiencia suficiente para conocer el funcionamiento de los mercados. Sin embargo, al estar en la necesidad de intervenir, tienden a seguir unas políticas de receta que han demostrado éxitos en casos anteriores, pero, como cada situación es diferente, parecen quedarse cortas para solucionar las condiciones económicas actuales.

Sucede que los mercados han ganado una dinámica significativa por cuenta del alto grado de interconexión y complejidad global, así como la facilidad de la información, dejando a una institucionalidad corta en varios aspectos, a un paso distinto y rezagado, por lo cual debe empezar a tener una flexibilidad acorde a los tiempos modernos, así como responsables que piensen fuera de la caja e innoven en las formas de resolver situaciones de crisis mediante la política económica.

Es fácil dar una opinión con el espejo retrovisor, pero, para dar un ejemplo, si desde el inicio la inflación estuvo explicada por el lado de la demanda, desatendida por una reducción en la oferta, por qué se mantuvo una política monetaria ampliamente expansiva y la política fiscal no tuvo un enfoque que incentivara la producción para aumentar la capacidad instalada y ofertar bienes y servicios desatendidos, en lugar de otorgar liquidez a la demanda. Se entiende que la pandemia dejó unas necesidades de otorgar liquidez, pero, tal vez, esa llave se tuvo que cerrar mucho antes.

Aquí queda una brecha de aprendizaje, porque no niego que las políticas de receta en cierto momento fueron acertadas y tuvieron un alto grado de éxito; sin embargo, en algún punto pasaron de apagar un incendio a revivirlo. Por tal motivo, es pertinente saber cuándo dejar la receta a un lado, focalizar asertivamente las políticas y actuar en función del arte de las ciencias económicas, y esto debe estar acompañado con una institucionalidad flexible y respaldada por marcos legales que den mayor alcance de acción, sin olvidar respetar los avances institucionales favorables ya existentes.

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