EL BICENTENARIO DE LA MUERTE de José Celestino Mutis, un precursor de la independencia, arte y ciencia en Colombia, no logrará colarse en la memoria de lo que ha sido este 2008, de cuyo número de acontecimientos traumáticos no querremos siquiera acordarnos.
Tampoco logrará el cumpleaños número 100 del etnógrafo e ideólogo Claude Lévi Strauss, tomar un puesto en la memoria de este año de la rata según el calendario chino. Tampoco el haber dilapidado la oportunidad de tener reunidos 192 delegados de las Naciones Unidas en Poznan (Polonia), para poder adelantar en algo la negociación del cambio climático que dejó poco margen de maniobra a las cruciales decisiones que se tomarán en la cumbre de Copenhague en 2009. Escasas informaciones que tienen que ver con la ciencia y con el conocimiento logran abrirse campo en el tortuoso resumen del año. Ni siquiera figura el experimento mundial de reproducir el big bang bajo tierra en una frontera de Suiza y que colapsó su funcionamiento poco después. Ni clasifica en el anuario, el hallazgo del motor de búsqueda para asuntos de civilización llamado Europeana con la conexión de conocimiento más prometedora, que alcanzó 10 millones de entradas en internet en la primera hora de funcionamiento rebasando todos los cálculos.
Es probable que la crisis y el desmoronamiento de la economía mundial puedan dejar inscrito 2008 en la historia. Un engaño de escala global se asoma detrás de esta debacle que abrió un resquebrajamiento hondo en el, hasta ahora blindado, sistema capitalista, de la magnitud de una falla geológica o de la grieta que la artista Doris Salcedo hizo en la Tate Gallery de Londres. Esa crisis económica será un motivo claro de consagrar este año al compararla con la de 1929.
En Colombia el invierno inclemente con más de un millón de damnificados, o los mediáticos personajes de Íngrid Betancourt liberada o de Juanes hasta en la sopa, disputarán su podio con los falsos positivos y las ejecuciones extrajudiciales que son el caballo de Troya del gobierno de Uribe. Las pirámides que se desplomaron en la gigantesca economía informal colombiana de ambición desmedida, son otra figura destacable al lado de ese gestor oscuro de David Murcia Guzmán. Los 12 paramilitares extraditados a los Estados Unidos con sus declaraciones deshilvanadas, la muerte natural de Tirofijo y la de Raúl Reyes en un bombardeo fronterizo, son también parte de la sombra larga que tiene este 2008.
Parecen muy lejanas en el recuerdo la multitudinaria marcha de febrero contra el secuestro, las liberaciones posteriores de secuestrados, las marchas de Moncayo, de peregrinos y mingas para pedir atención del Gobierno; las exhumaciones de restos de miles de desaparecidos de los paramilitares, de la guerrilla y del propio Estado; el bloque conformado por los familiares de los muchachos que fueron supuestamente muertos en combate para cobrar recompensas, y las jugosas sumas que se pagaron por entrega de secuestrados o de información, que formaron el río revuelto de los acontecimientos de este año.
Queda muy poco lugar para recordar a los personajes que murieron (Fanny Mickey y Hernán Nicholls por ejemplo) o al mismo Obama que fue la revelación. O celebrar la llegada de El país de la canela, de William Ospina, para lanzar sobre el tremebundo bisiesto un halo de esperanza. Pero podemos agradecer, eso sí, que ya casi termina el año que nos cayó como una plaga.