Esta extensa epidemia mundial sigue teniendo amplias zonas de desconocimiento científico que, además de causar incertidumbre, dificultan tomar medidas efectivas basadas en evidencia científica. En mayor o menor medida, los Gobiernos aciertan o se equivocan en las respuestas, ya sea porque no existen estrategias claras compartidas por las comunidades científicas y la economía política, o simplemente porque no se puede establecer la profundidad e impacto del problema debido a que las cifras con las que trabajan los modelos predictivos son aproximaciones y carecen de exactitud. Estamos pues ante la necesidad de adoptar la estrategia del “ensayo y el error” por aproximaciones sucesivas a unas respuestas.
La epidemia inició a finales de diciembre en China, y desde enero de este año (hace cuatro meses) se ha propagado a Europa, a América y al resto del planeta. Lo que la mayoría de los países han hecho, con sobrada razón, es mirar las experiencias supuestamente exitosas de aquellos estados adonde la epidemia llegó con anterioridad. China y otros países asiáticos llevaron la delantera en el manejo de la crisis de salud, pero hasta ahora comienza a explorarse qué hacer con la recuperación económica, o con los impactos sociales.
La repuesta de los Gobiernos al problema de salud pública ha sido diversa, pero podría sintetizarse en dos categorías: unos que adoptaron el aislamiento de sus poblaciones, comenzando de nuevo por China, y otros que han sido escépticos y han rechazado el confinamiento de las poblaciones: ejemplo de esta postura son los Gobiernos de Trump, Bolsonaro, Boris Johnson, López Obrador y Ortega en Nicaragua, y muchos mandatarios locales. Quizá un tercer grupo sería el de países que optaron por el primer modelo tardíamente, cuando la epidemia había avanzado de forma significativa (Italia, España y Francia). Colombia tomó la decisión de aislar su población en una especie de cuarentena y tomar medidas de distanciamiento e higiene, y lo hizo oportunamente.
Hasta ahora la cuarentena, el distanciamiento social, el uso de tapabocas y acciones de desinfección han sido las medidas más efectivas, no tanto para resolver el problema, sino para ganar tiempo, es decir, para tratar de aplanar las curvas bajando la razón de contagio (R0), mientras avanza la “inmunidad de rebaño” (inmunidad de la población general), se reorganiza la actividad social y, sobre todo, se adecúan los hospitales para recibir una gran cantidad de pacientes críticos que requieren unidades de cuidado intensivo (UCI) y respiradores mecánicos o automáticos —aproximadamente el cuatro por ciento de la población infectada—. Con el confinamiento estamos ganando tiempo para que se desarrolle una vacuna que confiera inmunidad de corto o largo plazo (lo cual tomará entre 6 y 18 meses según estimativos realistas), se prueben medicamentos eficaces y se logren flexibilizar las restricciones para algunos grupos muy importantes de la actividad económica.
En el interregno, se han desarrollado pruebas biológicas que permiten diagnosticar a los individuos infectados y, a partir de ellos, realizar búsquedas de contagiados secundarios, en un ejercicio clásico de vigilancia epidemiológica. Unas pruebas son más sensibles y específicas —las llamadas moleculares o técnica RT-PCR—, y otras —las pruebas rápidas o serológicas— son de menor sensibilidad y costo, cuyo resultado se obtiene en 20 minutos. Se estima que cada país debería realizar un mínimo de 5.000 pruebas por cada millón de habitantes, lo que significa que en Colombia deberíamos aplicar 250.000 pruebas en los próximos meses. Simultáneamente, han aparecido aplicaciones que permiten hacer seguimiento a las personas infectadas desde sus teléfonos y desarrollar un sistema de georreferencia, muy útil para los organismos de salud.
¿Qué sigue en las próximas semanas?
Varios países y ciudades se aprestan para permitir a los ciudadanos salir a la calle o retornar a los lugares de trabajo. En Colombia, el presidente anunció cuarentenas inteligentes que se mantendrían para la población mayor, estudiantes y otros sectores, y en la noche del 20 de abril anunció la extensión de la cuarentena a la población general por dos semanas, mientras permitiría retomar actividades a trabajadores de obras públicas, operarios de fábricas y aquellos trabajadores de sectores críticos en los procesos de creación de riqueza, producción de bienes y servicios indispensables.
En algunos países europeos niños y jóvenes están regresando a las aulas, pero en la mayoría se mantiene su aislamiento por varias semanas; esto significa que, en el sector educativo, nos debemos preparar para retornar a las actividades presenciales dentro de un mes, o unas semanas más. El regreso será en condiciones especiales que implican distanciamiento, evitar reuniones de más de una decena de individuos, uso limitado del transporte público, empleo de tapabocas, desinfección y otras medidas de higiene personal e institucional.
Termino invitando a la comunidad educativa a tener mucha comprensión, disciplina y paciencia, a entender que el sacrificio que hagamos hoy representará beneficios mañana y que es necesario adaptarnos a las circunstancias. La actividad educativa mediada por tecnologías deberá continuar porque no hay otra solución disponible, mientras nos aprestamos a regresar a las aulas. Estas noticias no son halagüeñas, pero sí necesarias para la sociedad como un todo, si queremos no salir tan mal librados.
*Jaime Arias es rector de la universidad central y exministro de salud