Nos sacó de una duda el presidente Santos: que no aspira a la reelección, pero que sí aspira a que lo reelijamos. Todo un juego de palabras para llegar a lo mismo: cuatro años más de Prosperidad Democrática.
Y está bien que, con la debida anticipación, el hombre del póker comience a sacar sus cartas, y en especial esta —la de la reelección— que será a la postre su jugada maestra: coronar, como lo hizo su antecesor, ocho años en el Solio de Bolívar con el argumento de que hay cosas que le faltaron por hacer.
Finalmente, los colombianos ya hemos ido descubriendo las mañas de Santos para mover las fichas del poder. Y en esto de la reelección ya ha dado sus primeras puntadas.
Una de ellas, la de impulsar un break al vicepresidente para que se vaya a la OIT, quitándole de paso una de las funciones más importantes de su cargo, como es la lucha contra la corrupción, que pasó ahora a manos de Carlos Fernando Galán.
Angelino entonces saldría del ring al asumir un cargo tan representativo como distante. Además, los altos heliotropos de la burocracia internacional —en los que Garzón se pasea como pez en el agua, quién lo creyera— se amañan y se atornillan a esas altas distinciones.
Aquí hay además la oportunidad de que Angelino también muestre o insinúe sus cartas: ¿le jalaría a ser candidato? De ser afirmativa la respuesta, mal haría en irse (cuando el gato se va, los ratones hacen fiesta), oportunidad que van a aprovechar sus otros contrincantes, sobre todo del Polo Democrático.
¿Se retirará Petro para no inhabilitarse y presentar su nombre para la primera magistratura del Estado? Tendrá que hacer una alcaldía express, de casi la mitad de su periodo, dejando una huella de largo aliento para que pueda registrar en el “simpatizanómetro” nacional.
En tanto, ¿qué pasará con Vargas Lleras, a quien últimamente lo hemos visto con un bajo perfil? ¿Lo dejará Santos en su ministerio? ¿Lo quemará? ¿Le pedirá su apoyo para el 2014? Y eso que nos falta la carta de Uribe, que no estará alejado como tantos quieren.
Lo único claro que hay es que, desde Londres, Santos ya dijo que no… pero que sí.