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No quedó polla viva

La derrota de Brasil es un golpe para el campeonato, para las apuestas, para la historia y para la defensa del fútbol que le da prioridad a lo esquemático practicado por Dunga.

03 de julio de 2010 - 03:03 p. m.
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Los médicos también se mueren y hoy el pentacampeón, superfavorito y casi invencible Brasil, falleció porque se olvidó de utilizar lo que mejor conoce: el talento.

Y le ganó Holanda con dos pelotas quietas enmarcadas en dos errores monumentales. El primero, a los 53 minutos, tiro libre desde la derecha, Bastos no hostiga el cobro, se levanta mal Felipe Melo, quien peina la pelota hacia su propia puerta, confunde la salida de Julio César y fue el 1-1.

El segundo fue más increíble todavía. Tiro de esquina a los 68 minutos, cabezazo atrás en el primer palo de Kuyt y gol de Sneijder en segundo cabezazo. La famosa “zubeldiana” con la que Estudiantes de La Plata hizo muchos goles en los 70. Una jugada que todos aprendieron en Suramérica y todos supieron contrarrestar, menos este poderoso Brasil que se comió la más elemental de todas.

El primer gol de Robinho a los diez minutos no sirvió de nada. Los holandeses fueron superiores, aprovecharon las “ingenuidades” de Kaká, Melo, Alves, Silva y compañía y bailaron al ‘Scratch’ en los últimos 20 minutos aprovechando el hombre de más en la cancha. Con diez jugadores, Brasil fue un mar de nervios, de desespero, de descontrol y pudo perder por otro gol más si Holanda acierta una de las cuatro llegadas claras que tuvo.

El resultado pasó por un gran protagonista: Felipe Melo. El jugador del Juventus fue héroe cuando le sirvió un pase magistral a Robinho para su tanto, después villano por el gol en contra para el empate holandés y luego, odiado por un país cuando se hizo expulsar a los 73 minutos al pisar a un contrario. Ahí murió el guapo y murió Dunga, quien no tendrá excusas por poner a Melo y por ordenar un fútbol que no sienten los brasileños.

Son los guarapazos del fútbol, los golpes a la lógica, los totazos a la historia. Holanda es el tercer equipo de este Mundial en 57 partidos que logra remontar un resultado y nada menos que ante Brasil. Lo hizo esperando y contragolpeando de la mano de dos jugadores que ya tienen un sitio escrito con letras de oro en el libro de los más grandes de las Copas del Mundo: Arjen Robben y Wesley Sneijder, la pareja que puso a llorar a Brasil.

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