Colombia está renunciando a mucho más que las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al responder con golpes de pecho y negación de la realidad. Al utilizar en sus argumentos ecos de regímenes autoritarios, no solo está colocándose del lado de compañías indeseadas en la región, sino que está perdiendo su liderazgo diplomático al momento de actuar con los otros Estados. Cuando en el pasado hemos sido defensores vehementes de las instituciones internacionales, de la democracia y de la necesidad de que todos los...