Es lamentable que, según informes recientes de prensa, existan en Colombia casi 200 pirámides, el ilegal y fraudulento esquema de captación pública de fondos con la promesa de rendimientos extraordinarios.
Es muy probable que existan muchas más que aún no han sido detectadas por las autoridades o los periodistas. Increíble que numerosos ciudadanos —la inmensa mayoría de escasos recursos— hayan invertido sus ahorros (que se estima podrían ascender a varios centenares de miles de millones de pesos) en estas truculentas operaciones. Pero lo más sorprendente es que en ciudades como Pasto y Villavicencio la gente ha salido a marchar para pedirle al Gobierno que permita el funcionamiento de las pirámides.
La historia del mundo está llena de casos idénticos o similares al fenómeno de las pirámides criollas. Uno de los más famosos es el de Charles Ponzi, un italiano que migró a Estados Unidos a comienzos del siglo pasado (los interesados pueden encontrar en Wikipedia usando Ponzi como palabra clave para la búsqueda docenas de ejemplos de esquemas ingeniosos para despojar a los ingenuos de sus ahorros).
¿Por qué se producen las pirámides? Los materiales con las que se construyen son: la excesiva codicia de la gente (impulsada por la vergonzosa cultura del enriquecimiento fácil), la ignorancia (muchos se dejan engañar fácilmente por su falta de educación), la creatividad de los ladrones (son muy hábiles para convencer a los ingenuos con argumentos ingeniosos y testimonios que sirven de eficaz anzuelo) y la incapacidad de las autoridades para evitar o acabar las pirámides (impresiona su demora en actuar y su debilidad jurídica y administrativa a la hora de enfrentar el grave problema).
¿Qué se puede hacer para destruir las pirámides? El Gobierno debería usar los medios masivos de comunicación radio y televisión— para hacer una campaña publicitaria en la que se les explique, de manera sencilla y didáctica, por qué las pirámides son un atraco en el que ganan unos muy pocos (los que las crean y unos cuantos pioneros que les sirven de referencia para atraer incautos) a costa de muchos que pierden todo su capital.
Una buena forma de ilustrar esto en televisión sería presentando las imágenes de los ciudadanos desesperados que reclaman infructuosamente su dinero ante las sedes de pirámides que colapsaron. Además, debe el Gobierno acelerar la adopción de medidas eficaces para prevenir esta epidemia y sancionar drásticamente a sus culpables.