El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Poder y encuestas

04 de junio de 2010 - 03:05 p. m.

Tengo la sensación que si el resultado de las elecciones en Colombia hubiera sido otro – más parecido al de las encuestas  que vaticinaban un empate entre el "oficialista" Juan Manuel Santos y el opositor Antanas Mockus del Partido Verde- habría recibido una mayor cobertura periodística post electoral.

PUBLICIDAD

Cómo que la aplastante victoria de Santos – más que duplicó los votos de Mockus, al que de todas formas deberá enfrentar en una segunda vuelta en tres semanas- desilusionó a algunos enviados especiales – conservadores en casa pero revolucionarios  afuera-, a comunicadores comprometidos políticamente más que con la información y la verdad y a algunas ONG  demasiados previsibles y poco creíbles.

Es que los colombianos ya han demostrado más de  una vez que saben  lo que quieren, donde están parados y cuales son sus reales problemas y que no  necesitan que les vengan a indicar desde afuera lo que les conviene, y mucho menos aceptar consejos de Chávez o Correa. El resultado no solo  ratifica una conformidad con la  política del actual gobierno, del que Santos fue una figura relevante, sino que constituye un contundente rechazo a la opción neo progresista y populista en boga.

El "fallo" de las encuestas paso a ser, entonces, la estrella y a la vez el villano de la obra. Ciertamente le erraron feo y le han hecho un flaco favor  a la credibilidad de ese tipo de investigaciones. Pero no todo es negativo. Las encuestas  son desde siempre "el villano"– depende de cómo le va a cada uno – y  el blanco de una de las mas agraviantes formas de censura y de regulación del derecho a la información de los ciudadanos que son tratados  como tontos o menores de edad. No se les permite durante un periodo previo al acto electoral  informarse de lo que dicen las encuestas, para no ser "influidos". Esta "censura", en acto de afrenta mayor se aplica a la gran mayoría de los ciudadanos pero hay una minoría de privilegiados, políticos y aquellos que tienen poder económico para comprar las últimas estudios, que  sí acceden a esa información, al igual que el resto del mundo que sabe hasta último momento de lo que dicen  las encuestas.

El argumento de los reguladores es que "las encuestas conducen – por no decir manipulan-  la opinión de la ciudadanía". Lo que ha pasado en Colombia  los  desautoriza .Constituye una nueva demostración de que ese argumento es falso, que no tiene fundamento. Si fuera como dicen  los partidarios de "prohibir", habría habido un empate.

Hubo errores técnicos, sin duda. Quizás también cierta soberbia, pues Colombia no es un país fácil por su geografía y comunicaciones, por lo que hay que prudentes cuando se hace ese tipo  de pronósticos. Tampoco la "veda" justifica los errores de los encuestadores, ni da pie al argumento de los reguladores de que el vuelco se dio porque en los últimos días no se publicaron encuestas. Esto es ridículo y contradice lo que ocurre en la mayoría de los casos y de los países en que existe esa misma limitación.

Lo concreto es que la gente no es tonta ni se deja llevar de las narices y sabe lo que hace cuando tiene toda la información, a la que tiene pleno derecho y la que  muchos le quieren recortar, eso sí, con la intención de manipularla. Los únicos que siempre están pendientes de las encuestas  – del rating- son los políticos y los gobernantes, y también en este aspecto lo de Colombia es un buen llamado de atención.

Conoce más
Ver todas las noticias