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¿Refundar el Partido Liberal?

05 de junio de 2011 - 08:00 p. m.

LA BANDERA DE LAS REFORMAS SOciales en Colombia sigue siendo liberal.

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En los últimos doce años trataron de arrebatársela desde la derecha, con la paz, sin mucho éxito, y desde la izquierda con la creación de un nuevo partido y el experimento de gobiernos sociales en Bogotá, también sin mayor éxito.

La realidad es que hasta la expedición de la Ley de víctimas, Colombia llevaba más de una década sin intentar verdaderas reformas. Durante los últimos años el país estuvo sumido en una sensación de falso bienestar, convencido de que la solución al pacifismo infantil era el militarismo visceral. Haber cortado con el ímpetu reformista que se inició con la Constitución de 1991 hizo que los problemas de ilegalidad, desigualdad e informalidad crecieran hasta convertirse en plagas para las que el país no encuentra soluciones y se limita a evadir. En esta década, sólo el liberalismo se ha mantenido en la línea de enfrentar los problemas estructurales con reformas, pues la derecha se dedicó al populismo y la izquierda a la ortodoxia y al anapismo.

La ley de víctimas no sólo es un símbolo de cómo ese partido sobrevivió a la persecución política de Álvaro Uribe, sino de cómo prevaleció ideológicamente. Prueba de eso es que el país terminó desechando la ortodoxia antiterrorista que negaba el conflicto interno, el mito de que el paramilitarismo era político y la obsesión de mirar sólo a los victimarios. No se le ha dado el reconocimiento que merece el liberalismo por la lucha que dio en defensa de la Constitución frente al reeleccionismo de Uribe, que todos los demás partidos, con la excepción del Polo, no sólo promovieron sino usufructuaron. Es posible que sin la oposición razonada pero férrea de César Gaviria a la segunda reelección de Uribe, las instituciones no hubieran aguantado el embate del caudillismo y hoy estuviéramos convertidos en un país andino más.

Podría decirse que con la vigencia política que ha cobrado el Partido Liberal haciendo posible la Unidad Nacional (los demás partidos ya estaban con Santos), ha completado su recuperación frente a los errores históricos que cometió en la segunda mitad de la década de los noventa, y que con el liderazgo ideológico que recuperó en los últimos años, está reencontrando su capacidad reformista para atraer el apoyo de los sectores sociales más débiles.

Por eso es paradójico oír ahora de la “refundación” del liberalismo para llevarlo hacia el “socialismo”, en lugar de continuar por el camino que puede conseguir la reunificación liberal. Como es extraño oír de candidatos a representar al liberalismo en el gabinete, que serían vistos como un golpe a Gaviria y a Rafael Pardo, los gestores del renacimiento liberal.

El gobierno Santos ha sacado el país del extremismo ideológico y lo ha regresado a la tradición reformista liberal, con el apoyo de ese partido. Eso ha sido posible porque a cargo del liberalismo está el ala moderada, a la que perteneció en el pasado Juan Manuel Santos. En lugar de volver atrás, el liberalismo debe concentrarse en mantener su iniciativa reformista, combinando realismo político con principios. Una buena ocasión para reafirmar ese empeño es el homenaje que mañana le hace el liberalismo a César Gaviria en la celebración de los 20 años de la Constitución.

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