Por: Carlos Hernández Estefan
En estos últimos cuarenta y tantos días, la palabra “normal” es quizá la más utilizada o, mejor aún, la peor utilizada.
En el sentido estricto, la definición de la palabra “normal” se refiere a: «…conforme a un tipo o patrón regular; de acuerdo con; que constituye o no se desvía de una regla o principio»; “que se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano”.
El concepto «normal» nos sirve para distinguir entre lo que es correcto o incorrecto, entre lo que está bien y lo que está mal, entre lo que es moral o inmoral y sobre todo, entre cómo son las cosas o cómo “deberían” ser. Me parece que cuando los medios les preguntan a los funcionarios del alto gobierno: “¿Cuándo regresamos a la normalidad?”, resulta miope, superficial; es no entender en profundidad lo que nos está sucediendo y por qué.
Justamente, debemos tratar de evitar regresar a esa “normalidad”, a la de la contaminación indiscriminada del agua y del aire, a la del calentamiento global, a la de extremas desigualdades y descontrolada codicia, a la del populismo, autoritarismo y falta de cooperación entre naciones, a la de la corrupción y falta de civismo.
Por fortuna, hay disidentes en todos los rincones de la Tierra, luchando contra ese concepto de normalidad “anterior”, analizando otras “normalidades”, cuestionando el concepto, abiertos a otras formas de entender el mundo y a cómo vivir la vida.
Forman estas filas, ambientalistas que están en la búsqueda de soluciones a los problemas de la contaminación; personas que piensan que el “business as usual” no es el único camino viable tratando de combatir la extrema pobreza y la concentración de grandes capitales; líderes combatiendo la corrupción del Estado y las noticias falsas; en fin, gente que esta aquí y allá, luchando por cambiar las cosas.
Es cierto, todos tenemos miedo; queremos regresar a donde estábamos, pero no hemos encontrado la forma de hacerlo. Sabemos que lo mas fácil es que las cosas se mantengan iguales, pero también queremos darle la oportunidad a que sean diferentes. Queremos volver a la normalidad, pero en el fondo sabemos que el viaje que estamos emprendiendo, será más un punto de partida que un viaje de regreso.