Silvia vivió para combatir la aspereza del mundo, y lo hizo, en público, a punta de palabras, diciendo las cosas como son, hablando contra las injusticias, haciendo gala de su humor político y de su sarcasmo cáustico, y en privado, también a punta de palabras, del bálsamo de sus palabras y con su encanto flagrante y con la caricia de su voz.
Traigo a cuento, por el momento electoral, dos correos electrónicos que Silvia escribió a amigos nuestros. El que sigue es de mayo de 2006, después de la reelección de Álvaro Uribe:
“Soy tan escéptica en materia de política que ya no le creo a nadie ni a ninguno, (claro a unos les creo menos que a otros). Espero, como todos los colombianos, que algún día aparezca el esperado Mesías y nos salve. Hasta calendas muy recientes hemos tenido de todo, de izquierda, de derecha, de centro, asesinos como Laureano, humanistas como Alberto Lleras, bohemios enamorados como Valencia, ejecutivos como Carlos Lleras, estrato siete, como López Michelsen, estrato dos y mujeriegos como Turbay Ayala, cantores como Belisario, tarados como Pastrana y con todos ha terminado el país en la misma prolongada catástrofe de siempre”.
Este otro mail de 2005 se lo envió Silvia a una amiga:
“Los políticos y los partidos políticos son todos iguales, y si no lo son al principio, al final terminan siéndolo (al menos eso enseña la historia de Colombia). Ve con cautela, todos esos aparentes (muy subrayado el aparente) idealismos terminan en voracidades. Nunca se te olvide eso, razón por la cual aquí se desprestigian tan rápidamente, comenzando por el MRL de López Michelsen, principal opositor del Frente Nacional que terminó cuando López le aceptó el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores a Lleras Restrepo, su más enconado enemigo. Y de ahí empieza a hacer el inventario de rebeldes con causa, pero con hambre de poder. Un consejo final: ejercita la duda como tu culto religioso. Como decía el doctor Murillo Toro: para conservar el espíritu libre hay que ser fanático de la duda”.
Devoto recuerdo.