El derecho a la “legítima defensa” de los países es una tesis antigua y totalmente válida que se practica todos los días; tan es así, que basta leer la sección internacional de los diarios para corroborarlo.
Se requiere de dos condiciones, una respuesta proporcional a la agresión y que el otro país no tenga fuerza suficiente para impedir el ataque o que no quiera hacerlo. Estas condiciones se cumplen en el caso de la Operación Fénix, de forma que no se entiende por qué el Presidente es esquivo al recurrir al uso de dicho derecho y reprime al Ministro de Defensa al expresarlo. La real falla es no haberlo esgrimido adecuadamente desde un principio en todos los foros nacionales e internacionales, craso error que estamos pagando y que a futuro nos causará muchos problemas si no rectificamos ya nuestra posición.
Rafael Jordán Rueda. Bogotá.
La tocata y el pico y placa
Soy usuaria del Transmilenio, bendita sea su existencia para quienes no nos gusta conducir y para quienes teníamos que pasar tanto tiempo sentados en unas busetas que parecen la montaña rusa. Gracias a Dios ya es muy poco el porcentaje de uso de los otros medios de transporte, o sea, los que de pronto nos proporcionan silla pero nos hacen perder el tiempo, nos sacude toda la humanidad y nos pone en peligro de quedar lisiados.
Debo decir que no me da ni cinco de envidia ver a los contaminadores de un solo pasajero (ruido, pito, alarma y humo) en sus lentas filas cuando en el Transmilenio paso a buena velocidad y veo con alegría que aunque vaya de pie y al estilo Chino (pechito con pechito, etc.) mi tiempo no se pierde en un interminable trancón. Por lo menos algo puedo leer, ya que los conductores de Transmilenio saben frenar.
Pero el motivo de mi comunicación es resaltar la maravillosa idea del pico y placa por todo el día. Es que no sólo beneficia el aire que respiramos sino que también ayuda a conservar un poco más nuestros oídos y por ende a disminuir nuestro estrés por ruido y por consiguiente a que nuestros órganos en general trabajen sin sobresaltos y puedan tener potencialmente un mayor tiempo de vida. Es que lo ideal sería que el Transmilenio pudiera trasladar más personas, sin tanto pechito con pechito, para que los que están acostumbrados al carro no se sientan miserables con la tocata que se vive allí por falta de espacio y de frecuencia en los buses.
Victoria Espinosa. Bogotá.
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