Brasil es Brasil, donde lo pongan. Tiene los dos mejores zagueros del mundo, a mi juicio Lucio y Juan; el mejor lateral, Maicon; dos fieras para recuperar, Gilberto Silva y Felipe Melo; el talento de Robinho y el poder de Luis Fabiano. Y no cuento a Kaká porque no ha arrancado. Además el mensaje de Dunga es claro: “El Mundial no se gana con florituras sino con carácter”.
Argentina para muchos es sorpresa. Maradona está madurando después de los 50 y por fin oye consejos. Messi resucitó para la selección y es el mejor jugador del Mundial. Le falta equilibrio en el medio, Demichelis todavía no engrana, los que juegan de laterales dejan dudas, pero es un equipo serio, aguerrido y ganador.
Chile es la novedad táctica de un Mundial caracterizado por esquemas monótonos, defensivos y aburridos. A Bielsa lo conocemos bien, pero no sabíamos si ocho años después de fracasar con una gran selección Argentina, iba a arriesgar repitiendo su fórmula. Y lo ha hecho fiel a sus principios. Chile ataca al que le salga con una figura de 3-3-1-3 que lo tiene en segunda ronda. Y lo hizo ante España, que jugó 55 minutos con un hombre más sin generar una sola opción de gol.
Uruguay aprendió la lección de la eliminatoria, donde se regalaba fácil, y está mucho más compacto. Es un equipo laborioso sin mucho talento, pero con fuerza y decisión. Sabe aguantar en defensa y tiene con qué hacer daño.
Paraguay me encanta por solvente y seguro. Tiene un equipo equilibrado que sabe lo que quiere en la cancha. Los tres mediocampistas de primera línea son la expresión del fútbol moderno: Enrique Vera, Víctor Cáceres y Cristian Riberos saben todos los vericuetos del juego, incluyendo la creación y el manejo de la pelota. Y adelante tienen gol con calidad