Es una página que ya no quisiera volver a leer. Es un capítulo de su vida que quisiera editar. Sin embargo, en el libro de su vida es un aparte importante y quizá marcó un punto de giro que definiría el resto de sus días.
Mario Agudelo es médico y en la actualidad se dedica a la construcción de memoria de las víctimas del conflicto armado colombiano. En su juventud hizo parte del Ejército Popular de Liberación y luego participó del proceso de desmovilización de este grupo guerrillero en 1991. Luego sería diputado de Antioquia y alcalde de Apartadó. Desde su juventud, Mario Agudelo ha sido un lector apasionado, pues considera que el libro es una posibilidad de transmitir opiniones, conocimiento. Para él, un libro es sabiduría. Y sin embargo, esa devoción que siente por ellos habría de marcar un capítulo muy triste en la historia de su vida: en 1997, siendo diputado de Antioquia, este médico habría de vivir uno de los momentos más duros de su vida, cuando recibió un regalo en su oficina. El título del libro refería a la Ética y a la Medicina, y consideró importante compartírselo a su hijo, que había tomado la decisión de seguirle los pasos y ya preparaba su examen de admisión a la universidad. Horas más tarde se lo entregó. Ese libro terminó siendo un libro bomba que acabó con la vida de su hijo de 15 años, lo cual cambiaría definitivamente el rumbo de su vida y marcó un hito importante en la degradación del conflicto armado colombiano.
Ese “regalo” enviado por enemigos de Agudelo llevaba algunas páginas manchadas de odio y escribirían unas nuevas con las manchas de la rabia y la impotencia. Sin embargo, por esas paradojas de la vida, Mario Agudelo sigue encontrando en las páginas escritas —algunas ajadas y amarillentas ya— la posibilidad de ayudar a reconstruir memoria y aportar a la construcción de un futuro más diáfano y amable para todos.
Mario Agudelo tampoco vive de rencores y piensa en la construcción de un país más amable para las próximas generaciones donde, como él dice, la lectura será clave para construir un mejor futuro para nuestro país.
Se vale pensar en su mensaje y en su ejemplo. En estos días de Feria y conmemoración por nuestro idioma, pero también en estos que se habla con insistencia de posconflicto con los grupos alzados en armas, bien vale la pena echar una mirada a los libros. Estos pueden convertirse en el verdadero símbolo de encuentro y reconciliación: apoyarlos de verdad con políticas de Estado a favor de los creadores, editores y gestores. Desde la academia y la empresa privada, fomentando programas de difusión y masificación de la lectura. Desde la familia misma cuando se le vuelva a rendir culto al libro y estos hagan parte de la cotidianidad hogareña. Un libro —y todo lo que gira en torno a él— puede ser el símbolo más vital de la reconciliación y de la construcción de un verdadero país que se reconozca, se respete y se valore en su diversidad, alegre, inquieto con su realidad y constructor de escenarios de esperanza.