LA FOTO DE LA REUNIÓN EN LA OFICIna oval mostrará a dos mandatarios de condiciones de liderazgo excepcionales. Sin embargo, liderazgos completamente opuestos. Como casi todo entre Álvaro Uribe y Barack Obama.
Uribe es la apoteosis del líder transaccional, enfocado en responder al interés personal de los ciudadanos y de ofrecerles resultados palpables a cambio de apoyo. Por el contrario, Obama representa el liderazgo transformacional, que busca que el ciudadano trascienda su propio interés en favor de la sociedad en general. Mientras Uribe refuerza el statu quo, Obama promueve el cambio. Mientras Uribe comparte los valores de sus conciudadanos y los incita a apertrecharse alrededor de esos valores, Obama no podía ser más distinto de sus conciudadanos y les inculca la necesidad de renunciar a sus privilegios. Mientras Uribe les pide testarudez, Obama les pide sacrificio.
Obama es el líder reformista que cree en la necesidad de modificar la sociedad por vía de reformas institucionales como la del sistema de salud o financiero. Por el contrario, Uribe es el líder antirreformista, que privilegia la acción administrativa en cabeza del Presidente, sobre los procesos institucionales. Por eso Obama desarrolla una amplia agenda de reformas legales futuras, mientras Uribe actúa sobre el presente.
Uribe ejerce un liderazgo de corte autoritario en que no delega, no negocia con la oposición, doblega al enemigo, imparte órdenes públicamente y aleja a los colaboradores con autonomía. Contrariamente, Obama coordina con su partido político, ofrece la mano a los enemigos e incorpora en la administración a sus propios contendores, como Hillary Clinton. Uribe repudia el apaciguamiento y la negociación, mientras que Obama acepta la coexistencia, busca puntos de acuerdo para superar las diferencias y descarta la unilateralidad. Uribe busca conseguir objetivos así generen división, Obama busca unir aunque ello demore los resultados. Obama cree en el poder suave, en buscar objetivos comunes en lugar de imponer la voluntad por la fuerza militar o económica, mientras Uribe recurre al poder duro. El liderazgo de Obama les plantea grandes metas a los norteamericanos en economía, salud, medio ambiente y política exterior, mientras que los objetivos que Uribe les traza a los colombianos se enfocan exclusivamente en seguridad.
Diferencias tan profundas darían para que se produjeran grandes cambios en la relación de Colombia y Estados Unidos. Sin embargo, precisamente por el tipo de liderazgo de Barack Obama es posible que la foto muestre un sonriente apretón de manos de los dos mandatarios. No será uno cálido como el que se daba Uribe con George W. Bush, sino uno producto del poder suave que ejerce el mandatario norteamericano.
De ser así, será presentado como un éxito del presidente Uribe en mantener el apoyo de Washington, y el gobierno Obama facilitará esa presentación, porque así como trata con prudencia relaciones críticas como las de Corea del Norte e Irán, seguramente tendrá palabras amables para Álvaro Uribe. Las profundas diferencias en el tipo de liderazgo político entre Uribe y Obama terminarán beneficiando a Uribe, precisamente porque el norteamericano, a diferencia del colombiano, no es amigo de la polarización.