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Acceso, equidad, logística, aceptabilidad y vacunas

Un análisis desde el sector salud sobre la manera como el gobierno Duque ha manejado la campaña nacional de vacunación del Covid-19. Son muchos los yerros que se han cometido.

09 de marzo de 2021 - 03:23 p. m.
Debido a que la mayoría de vacunas adquiridas por Colombia son de dos dosis, es importante que rectifique la fecha en la que tendrá su segunda cita de vacunación.
Foto: Secretaría de Salud
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En realidad, sin ser fan del gobierno o experto de nada, es necesario reflexionar sobre la política pública de vacunación y más en tiempos de pandemia. Gabriel García Márquez, nuestro nobel, escribió Crónica de una muerte anunciada, y eso es lo que pienso que pasa con nuestros reprobables resultados como país en la implementación de un proyecto de tal envergadura: campaña nacional de vacunación contra el Covid-19.

Empecemos por el principio, no para compartir culpas sino para repasar la historia que nos tiene con tan insignificantes resultados en la ejecución de nuestra campaña domestica de vacunación. Por un lado, el Ministerio de Salud reconoce que en los años 2000-2001, el país dejo de producir vacunas humanas y, desde ese momento, el cien por ciento de los biológicos son importados.

Sin embargo, la historia se remonta a los años 90, cuando por decisiones de política pública, y contra viento y marea, a pesar de la oposición de muchos sectores científicos, se tomó la decisión de debilitar dramáticamente la capacidad instalada en infraestructura y capital humano, que para ese entonces producía incluso una de las vacunas de mejor calidad y efectividad que proporcionaba inmunidad o protección contra la tuberculosis, la Bacillus Calmette-Guerin (BCG o VCG).

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Se decidió entonces dar paso a un plan de marchitamiento de esta estratégica y fundamental rama del desarrollo de la soberanía de un país: contar con los biológicos necesarios en caso de una pandemia, por no hablar de otras aristas de la desacertada disposición de acabar paulatinamente con la inversión para continuar con la fabricación de vacunas humanas en Colombia, en caso de una supuesta “guerra biológica”, como las que a veces nos ofrece Hollywood.

El resultado de esta desastrosa decisión, tal y como lo predijeron los científicos de la época, está dándose ahora y es una realidad que nos ha costado más de 60.000 vidas. Estamos en la cola recibiendo la caritativa y costosa beneficencia de un cupo de vacunas, por demás manejado de manera errática por parte de la actual administración, responsable de la implementación del proyecto de vacunación, al parecer masiva.

Tal vez la administración actual desconoce la historia y por eso insiste en la tozuda idea de continuar el nefasto modelo, lo que lo lleva a cometer errores que cada vez son más evidentes: la distribución de las vacunas a través de las Empresas Promotoras de Salud (EPS), lo que significa una barrera de acceso innecesaria.

Y es que desde los tiempos de las campañas antimaláricas establecidas por el Decreto 1655 de 1964, por el cual se organizó el Servicio Nacional de Erradicación de la Malaria (SEM), los entes territoriales tienen la experticia necesaria y suficiente para adelantar tales campañas, sin la maliciosa y costosa intervención de las EPS, que en realidad van a cargarle un costo a la colocación de la vacuna, con el argumento de que la logística es un valor que tienen que asumir, dejando por fuera a los territorios, ya entrenados en el manejo de las cadenas de frío (experticia de más de 57 años). Situación que hace necesaria, además, la capacitación paralela del recurso humano y la necesaria curva de aprendizaje, lo que se va a traducir en aumento de las tasas de desperdicio del biológico y, lo que es más penoso, en desperdiciar la utilización de personal sanitario ya entrenado.

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Otro problema aparte de las prácticas corrientes de las EPS es que ofrecen solamente barreras de acceso con bases de datos desactualizadas y procesos a través de herramientas de ofimática, que no están disponibles en todo el país, por lo que la población más vulnerable es la que menos posibilidades de acceso tiene a través de los sistemas de información. Esto hace inequitativo el resultado en la aplicación, incluido el sistema de turnos implementado por el Minsalud.

Quizás se puede esperar con tranquilidad el turno si se tratara de uno de los parques temáticos de Estados Unidos, pero en nuestro caso no se tiene certeza siquiera si la segunda dosis será de la misma casa farmacéutica de la primera. Y hay voces que tratan de explicar lo inexplicable: “No importa de qué marca es la segunda dosis, con tal de que se le suministre”, justificando así no solo lo errado de la política sino pensando que los colombianos somos iletrados. Ya tenemos colas interminables de personas de la tercera edad (mayores de 80 años) al frente de dispensarios improvisado por la EPS Capital Salud, sin la certeza de la disponibilidad de la vacuna.

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La logística es otro de los inconvenientes. Las cadenas de frío que aconsejan los fabricantes de algunas de las vacunas no son para nuestros países, que no solamente tienen poblaciones dispersas sino que el suministro de energía no es de buena calidad. Sin embargo, se tomó la decisión de introducir esta clase de biológico y se improvisó incluso con la disposición de ultra congeladores disponibles. Se tiene información en las redes que, pocos días antes de la llegada de las primeras 50.000 dosis, se trasteaban en calidad de “préstamo” entre instituciones públicas los que había en el inventario nacional.

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La estrategias de compra es otro de las dificultades que estamos afrontando, pues al descartar de contera alguna de las farmacéuticas y casarse con alguna otra, nos hemos parado siempre al final de la cola en todas. En nuestros recuerdos quedan apenas los comentarios de los acuerdos de confidencialidad, de por más anticonstitucionales y avalados por los organismos de control, que no dan la información necesaria y pertinente a la ciudadanía. El consentimiento informado impuesto por los fabricantes y transcrito con las condiciones impuestas indica que son las autoridades sanitarias y el Gobierno Nacional los responsables de las atenciones en salud que se requieran en caso de presentarse eventos adversos o secuelas de su aplicación.

Para concluir, es necesario reconocer que por ahora la vacuna es la única esperanza que tenemos como humanidad de sobrevivir a esta pandemia y que adoptar posturas desesperanzadoras es incurrir en un error craso. Por lo que la invitación es a exigir la debida diligencia para la adquisición y dispensación de las vacunas, sin barreras de acceso y de la manera más universal posible. De lo contrario, estaríamos ante la imposibilidad de recuperar la normalidad poscovid-19, que necesitamos todos.

* Médico

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