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Al estilo Juan Manuel Santos

El presidente demostró que a partir de este momento quiere gobernar con los suyos. El reto: mostrar resultados concretos en materia social, termómetro de una posible reelección.

28 de abril de 2012 - 09:00 p. m.
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El periódico El Colombiano, de Medellín, habló de un arriesgado giro de timón, de encaminar a su gobierno hacia el populismo, de falta de planeación y de finalidades políticas y electorales en la designación de Germán Vargas Lleras como ministro de Vivienda. El presidente Juan Manuel Santos respondió que el anuncio de un programa de vivienda popular para construir 100 mil casas, que serán entregadas gratis a los más pobres, lo hizo pensando en la gente, así le digan “populista”. Y ripostó ayer al término de un consejo de ministros en Tibú, diciendo que la reforma tributaria que piensa presentar “hará llorar a los ricos”.

Son las dos aristas de un pulso en el que confluye también la caída en la favorabilidad del primer mandatario en las encuestas y la perspectiva siempre vigente de su reelección. Santos se acerca ya a la mitad de su mandato, cuando dicen que el sol comienza a golpear a las espaldas de todo gobierno y la necesidad de mostrar resultados concretos acosa, sobre todo en materia social, que es donde se ‘cuecen las habas’ a la hora de buscar los votos. Por eso el arriesgado giro y el rodearse de gente de confianza, caso Federico Renjifo, nuevo ministro del Interior, y Juan Mesa, ahora secretario general de la Presidencia.

Hay otras batallas que parecen ya ganadas. El modelo de la Unidad Nacional le permitió cooptar la que es sin duda la fuerza política mayoritaria en el país: el liberalismo, incluyendo todas sus vertientes. Aunque hay desacuerdos por la reforma a la justicia, el choque entre el Ejecutivo y las altas cortes está neutralizado, así como la extrema polarización que se alcanzó en el gobierno de Álvaro Uribe con los países vecinos (Venezuela y Ecuador). Santos ha gobernado con estilo propio, a distancia de su antecesor e incluso de quienes fueron sus aliados en los ocho años de mandato, los conservadores, que ya esta semana reclamaron que se les estaba “achicando” su participación en el Ejecutivo.

Pero algo no está saliendo bien y en la Casa de Nariño lo saben. El análisis que hacen, según fuentes consultadas por El Espectador, es que el problema no es de imagen sino de comunicación. Que la gente percibe a Santos como un progresista y un conciliador, pero, al mismo tiempo, como un mandatario distante de los sectores populares. Y aunque nadie lo reconoce en público, hay temas que mortifican, entre ellos, el declive en las encuestas y los constantes cuestionamientos del expresidente Uribe y su círculo más cercano, que cala en algunos sectores de la opinión nacional —sobre todo del orden regional— y hace daño, así el exmandatario sea considerado asunto “del pasado”.

Saben también que los anuncios criticados como “populistas” no serán suficientes y que el momento político obliga a consolidar otras propuestas, como la de la atención a las víctimas y la restitución efectiva de tierras a los despojados. Y hacia allá apuntan los cambios, los cuales —contrario a lo que algunos piensan— no son improvisados. Hasta ahora es claro que el presidente Santos prefiere mover las fichas, pero no sacarlas del juego, y sobre todo mantenerse rodeado de gente de máxima confianza: Mesa, Renjifo, Juan Carlos Echeverry, Mauricio Cárdenas, Juan Carlos Pinzón y María Ángela Holguín. Y un nuevo ‘mejor amigo’ en intereses políticos: Vargas Lleras.

Las interpretaciones van de un extremo a otro. Para el politólogo de la Universidad del Rosario Vicente Torrijos, Santos vive hoy una “encrucijada” peor que la que vivió Uribe por cuenta de su segunda reelección: “No sabe qué hacer, si buscar la continuidad en el poder o una posición directiva en algún organismo internacional, léase Naciones Unidas. Está navegando entre dos aguas y no quiere desprenderse del todo de Vargas Lleras, porque sabe que es una carta a jugar en cuanto a su sucesión. Debe tener temor de que la caída en la favorabilidad frustre su reelección y por eso los anuncios de vivienda gratis, sabiendo que tendrá que hacer muchos malabares para cumplir lo prometido”.

Sin embargo, para el analista y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, Luis Carvajal, la propuesta de construir 100 mil viviendas de interés social “es un mensaje claro acerca del papel del Estado como dinamizador de la economía y promotor de justicia social, en un momento en que existe un gran debate mundial sobre el tema”. Pero, además, al dejar a un ‘santista purasangre’ de trayectoria liberal en la cartera del Interior (Renjifo), “busca anticiparse a futuros escenarios y definir un talante en la relación con el Congreso”.

Según esta teoría, Santos se inclina por la función expansiva del gasto público, como lo ha hecho Obama en Estados Unidos y lo propone la socialdemocracia europea. “Es una forma de demostrar, en un período saludable para las finanzas públicas y la economía, que el gasto social es importante también en el propósito de reducir los niveles de pobreza, con lo que se ha comprometido”. Que ello se vaya a lograr, ese es el gran reto y las dudas que ponen sobre la mesa los críticos. Ahora, el anuncio de las viviendas gratis para los pobres en momentos en que la imagen cae hace inevitable hacer dicha relación.

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Así lo advierte el analista Alfredo Rangel: “El presidente entendió que su estilo no ha calado lo suficiente en los sectores populares, donde es visto como un mandatario distante y muy ‘jetcero’. Está tratando de corregir el camino, aunque hay muchas dudas sobre la capacidad del Estado para cumplir metas tan ambiciosas. Gramalote es un mal precedente. Los cambios en el gabinete apuntan a hacer más eficaz la gestión del Gobierno y hacer creíbles los anuncios. Pero así no siempre se gana popularidad y la apuesta es riesgosa, pues los plazos impuestos hacen que se esté caminando al límite”.

Una mirada diferente tiene Cesar Caballero, director de Cifras y Conceptos, empresa de consultoría e investigación que hace encuestas. Para éste, la caída que está teniendo Santos “responde a que hay una baja ejecución presupuestal, primero porque las regalías están paradas y esa es una plata muy importante para las regiones. Y segundo, por el tema de Colombia Humanitaria, donde no ha habido una implementación seria de las obras de reconstrucción por el invierno. Un diagnóstico que explica el revolcón en el Ministerio de Vivienda y los rumores del cambio de ministro de Transporte”.

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De cualquier manera, más allá de los análisis y las interpretaciones, es claro que el presidente Juan Manuel Santos se está cerrando a su círculo íntimo, consciente de que la luna de miel terminó; que hay que mostrar resultados; que la gente quiere empleo, seguridad, educación, salud y vivienda. Y si de resolver esos asuntos se trata —bien sea pensando en la reelección o en aspirar a un cargo internacional— lo quiere hacer a su estilo y con los suyos. El tiempo dirá si ganó o perdió. O como dijeron los que en su momento defendieron la reelección: que el pueblo premie o castigue.

El sentido común de Renjifo

En el Valle del Cauca lo ven como una oportunidad para superar la crisis institucional que padece desde hace ya varios años el departamento, a raíz de la destitución de los dos últimos gobernadores elegidos en las urnas: Juan Carlos Abadía y Héctor Fabio Useche. Y también para recuperar el liderazgo perdido en cuanto a desarrollo social y económico. Y lo ven así porque, a lo largo de su trayectoria en el sector público y privado, Federico Renjifo Vélez ha demostrado sentido de pertenencia por su región.

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Es el nuevo ministro del Interior, el vocero del presidente Santos ante el Congreso. “Le va a ir bien —dice Juan Ramón Guzmán, uno de sus amigos de siempre—, tiene mucho sentido común, se hace respetar y sabe cuándo hay que ser cercano y cuándo hay que alejarse. Además, le gusta escuchar y eso es fundamental en la política”.

Abogado de la Universidad Javeriana con especialización en Ciencias Socioeconómicas, lleva la política en la sangre. Hijo de Marino Renjifo Salcedo, bugueño, exsenador, exgobernador y exalcalde, y de Amparo Vélez, de quien heredó el amor por la lectura. Sus amigos lo definen como una persona alegre, estudiosa, amable y con buen sentido del humor. “No es malgeniado, aunque se molesta si las cosas no salen bien. Sabe que le espera un trabajo complejo, que la luna de miel se está acabando y que hay que mostrar resultados”, concluye Muñoz.

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Mesa, el conversador e informador

Juan Mesa Zuleta, el recién nombrado secretario general de Presidencia, es un abogado de 41 años perteneciente a una tradicional familia bogotana, acostumbrada a compartir manteles con hombres de poder. Su abuelo, Eduardo Zuleta Ángel, fue canciller de la República, y su padre, Humberto Mesa González, fue superintendente Bancario en 1961. A Mesa lo preside una larga tradición de ancestros intelectuales, políticos y abogados. Recién graduado de la Universidad Javeriana, con 25 años de edad, uno de sus grandes amigos, José Antonio Vargas Lleras —hermano del ministro Germán Vargas Lleras— lo llevó a trabajar como subsecretario privado del presidente Ernesto Samper.

“Entró en lo que llamaban el kínder de Palacio, en el que estaban José Antonio Vargas, Juan Carlos Posada, Juan Carlos Quintero y Juan Fernando Cristo. Es un hombre muy inteligente, rápido y sintonizado con los acontecimientos del mundo y el país”, recordó Samper.

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Para José Antonio Vargas, una de las principales características de Mesa es ser un buen conversador y un hombre bien informado. “Es un tipo que le encanta la gente. Sociable y le encanta estar reunido, en plan de conversar”, agregó.

Otra de sus facetas es la de buen lector de medios y agudo analista político. Precisamente por esto Santos, quien lo considera de su círculo íntimo, le confió la Alta Consejería para las Comunicaciones. “Esta muy bien informado porque le interesa saber lo que pasa y eso le ayuda a estar interactuando permanentemente. Es muy especial como amigo. Agudo, inteligente y con un don para anticipar las cosas. Es una persona capaz de ir más allá de lo que ven los otros y eso es muy importante cuando uno está en la política. Es muy acertado en lo que observa que puede ocurrir. Esa es una de sus principales virtudes”, señala Vargas. Juan Mesa es un hombre que promete llegar lejos en la política y, por su agudeza, Santos le encargó la tarea de acompañarlo desde la Secretaría General de la Presidencia.

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Procuraduría, Defensoría y Corte Constitucional, el otro pulso

En el juego político para lo que resta del año hay tres temas claves que hoy están sobre la mesa: las elecciones de procurador general, de defensor del pueblo y de los reemplazos de los magistrados de la Corte Constitucional, Juan Carlos Henao, quien renunció para ir a la rectoría de la Externado, y Humberto Sierra Porto, a quien se le termina el período.

Como era de esperarse, los rumores pululan. Por ejemplo, aunque el procurador Alejandro Ordóñez ya anunció que buscará la reelección, no es claro que el presidente Santos lo vaya a ternar. Hay quienes creen que cometió un error de cálculo al ‘lanzarse al agua’ con tanta anticipación y que el jefe de Estado quiere un procurador de estirpe liberal. Por lo visto, Ordóñez tendrá que buscar su postulación a través del Consejo de Estado, donde tiene aún gran influencia.

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En los círculos políticos se habla también de un intenso cabildeo de cara a la elección en la Corte Constitucional, donde el pulso es por mantener el equilibrio de conceptos ideológicos entre conservatismo y liberalismo. Nombres como los de Carlos Medellín y Cristina Pardo se escuchan entre los candidatos.

El presidente Santos defiende sus propuestas

‘‘Si trabajar por el bienestar de los más pobres es populismo, entonces que me digan populista. Y lo tomaría como un honor”.

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‘‘Dicen que soy un traidor a mi clase porque estoy ayudando a los más pobres. Si eso es ser populista o ser traidor, me reconozco traidor y populista”.

‘‘Cuando se anuncia una política de vivienda para construir 100 mil viviendas que serán entregadas gratis a los más pobres, estamos pensando en la gente”.

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‘‘Vamos a presentar una reforma tributaria al Congreso que yo sé que en los estratos altos, sobre todo en los que deberían pagar impuestos y no están pagando, van a chillar”.

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