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¿Álvaro Uribe en busca de solidaridad?

Unos gritaban ‘reelección’ y otros ‘asesino’. La carrera séptima de Bogotá se convirtió el jueves en un espacio para medir la popularidad del expresidente y mostrar la osadía política de un líder que polariza al país.

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¿Acertado o una salida en falso? La publicitada caminata del expresidente Álvaro Uribe por la tradicional carrera séptima bogotana, a su salida de la Comisión de Acusaciones de la Cámara –a la que acudió el jueves para rendir versión libre por las chuzadas ilegales del DAS – despertó opiniones encontradas sobre su forma de mostrarse ante una ciudadanía en la que los odios y amores por su nombre pueden resultar extremistas.

Para Marcela Prieto Botero, directora ejecutiva del Instituto de Ciencia Política, la idea de Uribe fue mandar un mensaje de que aún está vivo políticamente y que “es un líder con mucho por decir”, en un proceso al cual “va sin tener que ir”. Para la analista no fue negativo el comportamiento del exmandatario que como político siempre está buscando el apoyo popular: “fue una actitud con mucha valentía, garra y muy acertada”.

El catedrático Enrique Serrano, por el contrario, cree que “fue un acto de provocación poco útil y mal pensado. Es una manera tosca de enfrentar las acusaciones que viene recibiendo desde hace meses”. El experto además agrega que lo del jueves no fue su mejor intervención y resalta que canales más sobrios, con tintes académicos, serían mejor aprovechados por el líder político.

Para Prieto Botero, la oposición cometió errores, al no dejar hablar a Uribe y haber recusado a tres de los congresistas encargados de adelantar la investigación, situación que fueron aprovechadas por un político que sabe cómo llamar la atención (Uribe) y el jueves mostró los riesgos que es capaz de tomar para seguir mostrando su presencia en el país.

Abucheado por unos, aplaudido por otros, Uribe mantiene la estrategia que empleó durante su mandato: la de apelar al contacto directo con la gente para intentar legitimar sus acciones. Y como lo demostró durante los ocho años que estuvo en el poder, en ese escenario es uno de los mejores políticos de la época reciente del país. No obstante, mucho va de apelar a ello en calidad de gobernante a hacerlo ahora que pasó a la categoría de expresidente, pues, sin negar su importancia como dirigente, atraviesa por un momento difícil, en el que se suman en su contra: la viudez de poder, la pérdida de respeto de sectores que antes disentían de él, pero no se atrevían a manifestarlo por temor a perder cuotas burocráticas y la seguidilla de escándalos por decisiones tomadas durante su gobierno. Una de ellas, precisamente, la de las interceptaciones ilegales ordenadas desde la Casa de Nariño contra magistrados, periodistas y dirigentes de oposición. El mismo caso por el cual fue citado a versión libre en el Congreso –a petición suya- y que quedó aplazado hasta el segundo semestre por la recusación a los investigadores.

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