Los resultados de las elecciones legislativas del pasado 9 de marzo y la destitución de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá, con la consecuente crisis institucional en el Distrito, convirtieron a la capital del país en un escenario predominante de disputa electoral de cara a los comicios presidenciales del próximo 25 de mayo.
El primer acto de campaña de Juan Manuel Santos, el presidente-candidato, fue el llamado “Pacto por Bogotá”, firmado el pasado 6 de marzo. Fue la suscripción de compromisos por parte de los partidos de la Unidad Nacional —la U, Liberal y Cambio Radical— para mejorar la movilidad, la seguridad y otros problemas de la capital colombiana.
Lo que se dijo en ese momento era que el objetivo apuntaba a reactivar las fuerzas electorales tradicionales en la ciudad, sobre todo las de la fórmula vicepresidencial, Germán Vargas Lleras, y demostrar —a pocos días de la escogencia del nuevo Congreso— que la Unidad Nacional y la campaña reeleccionista estaba ocupada de los asuntos de la capital, más aún, que las fuerzas de izquierda que representa Petro.
Pero los resultados en las legislativas no fueron los esperados y el Centro Democrático, del expresidente Álvaro Uribe, logró cinco curules en la Cámara de Representantes por la ciudad, doblando en votos al Partido de la U, el de Santos, que sólo obtuvo dos. Una derrota que obligó a replantear estrategias, pues hace cuatro años esta colectividad había sido mayoría con siete escaños.
Días después, Vargas Lleras hizo un recorrido por las principales localidades de Bogotá para escuchar las preocupaciones de la gente y plantear propuestas de cara a lo que él ha llamado “la postración” que le han dejado a la ciudad los sucesivos gobiernos de izquierda. Y la caída de Petro y la designación de Rafael Pardo como alcalde encargado le sirvió al santismo para barajar de nuevo.
Fue así como después de un rápido consejo de ministros, el domingo pasado, Santos salió en una alocución televisada a anunciar nueve acciones urgentes que, en su mayoría, están contenidas en el Plan de Desarrollo de la “Bogotá Humana” de Petro. No obstante, en esas acciones “urgentes” estaba contemplada la construcción de cerca de 100.000 viviendas de interés prioritario en la localidad de Usme, en el sur de la ciudad, y la venta de agua en bloque a los municipios circundantes a la capital, lo que permitirá la urbanización acelerada de la sabana de Bogotá.
El acto no pasó inadvertido en el plano político. No sólo porque significa una oposición directa a la visión de urbanismo que había promulgado Gustavo Petro durante su mandato, sino porque la vivienda, y la construcción de casas para los más pobres, ha sido la credencial de Vargas Lleras para presentarse como el gran ejecutor. En últimas, fue la declaratoria de la promesa de la Unidad Nacional de que la ‘locomotora de la ejecución’ ahora sí caminará en la ciudad.
Pero no es sólo con lo relativo a vivienda que el santismo pretende acercarse a los bogotanos. El objetivo de los reeleccionistas es darle a su campaña un enfoque de mayor empatía con las preocupaciones populares. Por eso, el jefe de Estado estuvo esta semana montando en Transmilenio y entregándole al Distrito 300 policías que entrarán a reforzar la seguridad en el sistema de transporte masivo.
Una aparición que, además de mostrarlo cercano a la ciudadanía, sirvió también para hacer campaña de lleno. Santos le echó la culpa de parte de la crisis de Transmilenio —por el hacinamiento y las incomodidades— a “unos errores en la construcción del sistema, la calidad de los materiales, las famosas losas, el retraso en la ejecución, la ampliación de las estaciones, el mantenimiento de las líneas (…)”.
Al buen entendedor pocas palabras, dice el refrán. Y es claro que al hablar de las “famosas losas” el presidente-candidato estaba pasado a la ofensiva frente a quien por estos días aparece como su más duro competidor en la contienda electoral: Enrique Peñalosa. Porque si hay algo que los rivales siempre salen a cobrarle al exalcalde es su actuación en el episodio de las losas de Transmilenio en la avenida Caracas y la autopista Norte, construidas en 2000, durante su administración, y que empezaron a deteriorarse apenas tres años después, cuando debían durar hasta 2020.
Es cierto, Peñalosa ha sufrido dos derrotas electorales en Bogotá en menos de una década. Perdió la Alcaldía con Samuel Moreno en 2007 y con Petro en 2011. Cualquiera pensaría que ha perdido las mayorías, pero los asesores de Santos saben que existe la posibilidad de que, en la actual coyuntura, su talante de ‘gran gerente’ gane el favor de los votantes del centro del país.
Y por las toldas de la Alianza Verde saben que deben apostar por capitalizar el imaginario de que Peñalosa es un constructor de infraestructura y que ahora, pasados los años, está además dispuesto a jugársela por la educación y otros asuntos sociales. De ahí a que el mensaje que sus asesores de campaña están profundizando es que su talante no es político. Y la primera señal en ese sentido fue la elección de Isabel Segovia como su fórmula vicepresidencial. Se trata de una experta en educación de gran recorrido profesional que dice no tener color político y que “su partido es la educación”.
Si ese mensaje se logra convertir en percepción, diferenciaría diametralmente a Peñalosa de personajes que hoy juegan y polarizan la política local: caso Petro, el expresidente Uribe y el mismo presidente Santos, a quien muchos achacan una mala resolución del laberinto jurídico en el que estuvo la ciudad desde diciembre, cuando la Procuraduría anunció la sanción contra el entonces alcalde de Bogotá.
Por los lados de la candidatura de izquierda —la de la fórmula Clara López y Aída Avella— es claro que también busca protagonizar y meterse en la batalla por la conquista del electorado bogotano. Hace unos meses era impensable que López, quien por años mantuvo una disputa política con Petro por cuenta de su disidencia del Polo Democrático, se solidarizara con él públicamente.
Si bien la candidata de la izquierda no se ha desplegado en grandes elogios con el ahora exalcalde o su programa de gobierno, sí ha sido tajante en que su destitución fue una injusticia y en que el presidente Santos rompió con un pilar fundamental de protección de derechos en Colombia que, a su juicio, son las medidas cautelares proferidas por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.
Ahora, así como la campaña reeleccionista y la izquierda han tratado de capitalizar la crisis institucional de la ciudad en su favor, el uribismo también enfila baterías con el fin de replicar los resultados que lograron en las elecciones legislativas en los comicios presidenciales. No obstante, saben que la posibilidad de que Óscar Iván Zuluaga entre a ser parte de ese debate, sin que su inmersión juegue en contra, es baja.
Por eso, el alfil para lograr ese cometido es Francisco Santos. El exvicepresidente se vinculó a la campaña para revocar a Petro luego de haber perdido en la convención del Centro Democrático la candidatura presidencial. Lo que se dice es que hay quienes hoy le piden que acelere una candidatura uribista para las elecciones atípicas que deberán celebrarse en Bogotá y, de esa manera, ponga en el escenario público las propuestas que el movimiento del expresidente Uribe tiene para la ciudad. Pero también hay quienes le han sugerido que es mejor esperar a las elecciones de 2015 y buscar así un cuatrienio de poder en el Distrito.
Por el lado de los conservadores, está claro que Bogotá es un escenario muy difícil de conquistar. Elección tras elección han demostrado que la maquinaria que otrora tuvieron en la ciudad se ha ido desvaneciendo. No obstante, durante la semana que termina, Marta Lucía Ramírez, su candidata presidencial, se fue lanza en ristre contra el plan de choque que Santos anunció para la capital e hizo un recorrido por Bosa, una de las localidades más pobladas del Distrito.
Poniéndose del lado de quienes argumentan que la Unidad Nacional quiere conservar el poder en la capital con Rafael Pardo como alcalde encargado, hasta que se resuelva la batalla presidencial, Ramírez se fue lanza en ristre contra el primer mandatario. “El presidente Santos resolvió consultar la viabilidad de la terna para la Alcaldía de Bogotá al Consejo de Estado. Dilatar y dilatar es su estrategia. Lo único que logra es que haya más incertidumbre para Bogotá”, dijo la exministra de Defensa.
Si algo es cierto en este ajedrez electoral es que el Gobierno Nacional es el único capaz de alterar el tablero. Cuando elija al nuevo alcalde encargado de la terna que enviaron quienes inscribieron la candidatura de Petro, deberá decidir cuándo serán las elecciones atípicas. Si ocurren antes de las elecciones del 25 de mayo, o si el electorado bogotano es convocado entre la primera y la segunda vuelta, los resultados de esos comicios atípicos podrían influir en los resultados de las presidenciales. Mejor dicho: en todas las campañas, y más en la de la reelección, sí que deben calcular bien los movimientos en estas ocho semanas que quedan para los comicios.
El respaldo de la Unidad Nacional
Aunque hay quienes han criticado las decisiones del presidente Juan Manuel Santos en torno a Bogotá, como “jugadas políticas en busca de réditos electorales” —comenzando por la firma de la destitución del alcalde Gustavo Petro y la designación del ministro Rafael Pardo como alcalde encargado—, el jefe de Estado ha recibido el respaldo de la Unidad Nacional.
“Estamos trabajando por una gran causa”, afirmó el presidente del Partido Liberal, Simón Gaviria, quien destacó que dichas decisiones presidenciales sólo buscan restablecer el control, el orden y darle futuro a Bogotá. “Si podemos trabajar juntos, vamos a lograr mucho más”, subrayó el dirigente político.
Por su parte, Alfonso Prada, gerente de la campaña reeleccionista en la capital, aseguró que “es unánime y absoluto el apoyo al presidente Santos en la decisión que tomó de hacer respetar la Constitución y el ordenamiento jurídico interno, de aceptar la decisión de destitución de Petro”.
Posibles candidatos para completar el período de Petro
Después de que el presidente Juan Manuel Santos escoja al alcalde encargado proveniente de la terna ofrecida por el movimiento Progresistas (o la Alianza Verde en su defecto), deberá convocar a unas elecciones atípicas para que alguien ocupe el Palacio Liévano hasta el 31 de diciembre de 2015.
Por los lados del progresismo existe un consenso alrededor de Carlos Vicente de Roux, actual concejal y compañero del exalcalde Gustavo Petro en la investigación que realizó sobre el carrusel de la contratación en Bogotá.
Por la Unidad Nacional, al parecer, existe la idea de enviar un candidato único por los tres partidos que la conforman (Cambio Radical, la U, Liberal) . Los más opcionados serían David Luna, Gina Parody, o incluso el exalcalde Jaime Castro. Aunque este último preferiría la independencia.
Los otros candidatos que suenan son Eduardo Pizano, ligado a los industriales, y Francisco Santos, del uribismo.
@CamiloSeguraA
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