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¿Colombia, un barco a la deriva? Análisis

En medio de la tormenta se cuestiona al Gobierno por su falta de liderazgo para enfrentar el paro nacional. Sin embargo, tampoco se percibe una mayor unión y representación en quienes se hacen llamar los voceros de las protestas.

19 de mayo de 2021 - 08:00 a. m.
«El presidente Iván Duque no ha logrado superar la adversidad, necesitándose de él más sabiduría y tesón para el manejo de la crisis».
Foto: Presidencia
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“Los pasos de los grandes líderes son como truenos que hacen retumbar la historia”; con esa frase, el cuestionado presidente norteamericano Richard Nixon comenzaba su libro “Líderes” y, aunque el mandatario número 37 de los Estados Unidos salió por la puerta de atrás, con esas palabras invita a reflexionar acerca de lo que debe ser y hacer un gobernante.

Si bien, la fórmula infalible para colocar a un líder entre los grandes tiene tres elementos: un gran hombre, un gran país y una gran causa, a veces es difícil conseguirlos en una sola persona, razón por la cual, en los regímenes parlamentarios se combina en un Ejecutivo dual, con un jefe del Estado y un jefe del Gobierno. Pero en Colombia, el Ejecutivo unitario acapara siete características, que son como las siete vidas del gato, y lo que ocurre es que, perdida una de estas, las demás no reemplazan ni suman validez a sus acciones.

En otras palabras, el presidente colombiano es jefe del Estado, jefe del Gobierno, suprema autoridad administrativa, símbolo de la unidad de la Nación, máximo director de las relaciones internacionales, suprema autoridad de planeación y comandante supremo de las Fuerzas Militares. Cualquier persona diría que es el “hombre orquesta”, pero para el caso de la coyuntura actual, es claro que este liderazgo superó las capacidades del presidente Iván Duque, especialmente en términos de gobernanza y credibilidad.

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Al analizar la situación actual, se podría inferir que el primer mandatario va perdiendo, y con lujo de detalles, la materia de liderazgo presidencial. Bien lo decía Nixon: “El hombre sin peso que dirige una gran nación en un período de crisis, no llena los requisitos de la grandeza”. Pero, para ser sinceros, ¿el problema es Duque o, por ejemplo, quiénes han sido realmente grandes en Colombia?, ¿De quiénes podernos fiarnos hoy a poco tiempo de que inicie un año electoral?

Ante la difícil situación que enfrenta la Nación es válido cuestionarse: ¿los gobernantes colombianos son verdaderos “estadistas” o únicamente tienen vocación de bomberos para apagar incendios? Antiguamente se decía que a la gente se la convence por la razón, pero se la conmueve por la emoción. Pero, para juzgar por la crisis actual, es claro que las instituciones del país fracasaron y están generando poco convencimiento.

¿A qué responde está falta de liderazgo? Como es típico en las costumbres colombianas buscar siempre culpables antes que asumir responsabilidades, se podría predecir que la respuesta a esta pregunta se relaciona con el desgaste de la imagen del presidente a raíz de su excesiva exposición en su cuestionado programa ‘Prevención y Acción’ o que, en definitiva, Duque no ha logrado superar la adversidad, necesitándose de él más sabiduría y tesón para el manejo de la crisis.

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Ante la aparente anarquía que por momentos se vive en las calles y a la falta de gobernabilidad, se suma la ausencia de un liderazgo que represente a los jóvenes, fundamentales en el paro nacional, pero que se siguen manifestando sin tener presuntamente claras sus propias ideas. Lo propio ocurre con otros actores que, supuestamente, representan al malestar social de todos los colombianos.

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De hecho, la situación actual deja claro que la gobernanza en Colombia es el fiel reflejo de lo que NO es un buen liderazgo. Por eso, bien vale la pena recordar ocho principios que definen a un buen líder en política. Quien quita que un asesor juicioso e inquieto del presidente Duque tome nota y se los recuerde, pues si que le hacen falta:

Primero, un líder no puede trabajar a puerta cerrada. Los medios tecnológicos le permiten estar en contacto con la gente, pero, ojo, sin saturar. Es decir, nada más nefasto que el programa ‘Prevención y Acción’, solo por dar un ejemplo.

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Segundo, no se puede delegar sin control. Si así se trabaja, la persona se terminará convirtiendo en un “mandarín”, pero que en últimas no sabe ni conoce el resultado de sus órdenes.

Tercero, hay que hablar menos y escuchar más: Vox populi, vox Dei. El pueblo es el soberano, constituyente primario y quien delega su actividad ante los gobernantes como sus mandatarios.

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Cuarto, ser coherente en el discurso. Se dice, se actúa, se piensa, se hace, todo debe ser congruente, es necesario tener sindéresis para que exista unidad en los discursos, en los proyectos y en las políticas.

Quinto, no se puede perder de vista las prioridades. Si bien en un Estado o en una organización hay muchas cosas importantes, no hay que perderse en “pulir un verso para sacrificar un mundo”, como decía el poeta Guillermo Valencia.

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Sexto, evitar hacer promesas que no se cumplirán. Ni en mármol, como dijo un recordado expresidente, se pueden plasmar los compromisos de las promesas. Hay que volver al valor de la palabra empeñada y del compromiso de los caballeros y de las damas.

Séptimo, el líder debe asumir el control de cualquier acontecimiento positivo o negativo dentro del Estado, sin evasivas.

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Octavo, no conformar equipos tóxicos. No se puede permitir la imposición de “cuotas políticas” que puedan afectar la buena marcha de un plan de trabajo.

Ante este difícil panorama, ¿Hoy en Colombia se visualiza a un líder representativo? ¿Los negociadores del Gobierno frente al paro nacional tienen poder decisorio y están pensando en los intereses y deseos de la toda la comunidad? ¿El Congreso acogerá las propuestas y compromisos del Gobierno y las materializará en leyes que puedan ser beneficiosas para el interés común? Preguntas que quizá ya tienen respuesta y por eso la alarmante preocupación.

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En conclusión, ante la incertidumbre, lo único seguro es que hoy reina en el país una falta de representación en las negociaciones de y con el Gobierno. Las razones: a los manifestantes no se les preguntó: ¿si los representa el consejero adjunto o el vocero gremial? Acaso ¿están los usuarios de servicios públicos, los empresarios, las universidades (no sólo los estudiantes), las cámaras de comercio, los agricultores, los ganaderos, los comerciantes, el personal de la salud, etc., representados en la “sociedad civil” que se arroga la vocería de lado y lado?

* Profesor del Colegio Jurídico y de Ciencias Sociales – Institución Universitaria Colegios de Colombia – UNICOC

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