Si se hiciera un balance para definir quién ganó y quién perdió con las decisiones adoptadas el miércoles por el Partido Conservador en torno a la consulta interna para escoger candidato único a la Presidencia en 2010, habría que decir que por el momento no hay vencedores ni vencidos. Es claro que la junta de parlamentarios realizada el miércoles por la colectividad azul, en la que se buscaba definir una respuesta al Consejo Nacional Electoral y su exigencia de realizar dicha consulta el próximo 27 de septiembre, se convirtió en un pulso entre Andrés Felipe Arias y quienes buscan abrirle la puerta del Partido a Noemí Sanín.
Para comenzar, hay que decir que la decisión de aplazar la consulta para el 14 de marzo de 2010 —el mismo día de las elecciones parlamentarias— y extender hasta el próximo viernes 25 de septiembre la inscripción de precandidatos, es un punto a favor de Sanín. Sin embargo, el hecho de dejar sentado que si el referendo reeleccionista pasa el examen de la Corte Constitucional y es aprobado por el pueblo en las urnas se citará a un congreso extraordinario para definir si se cancela la consulta y se apoya una tercera candidatura de Álvaro Uribe, significa un triunfo para Arias.
El mismo Uribito, como le dicen a Arias, al ser consultado sobre si esta condición representaba una ‘indirecta’ para la ex embajadora en el Reino Unido, respondió: “No, es para todas las personas que han estado interesadas en entrar a este proceso”. Y agregó: “Si pasa el referendo, será el Partido quien defina si apoya al Presidente, cumpliéndose así con mi intención de garantizar una coalición firme para el jefe de Estado”.
Como quien dice: blanco es, gallina lo pone. Ahora el balón está en el campo de Noemí Sanín, quien deberá decidir de aquí al 25 si se inscribe como precandidata en el conservatismo, con la condición de que en caso de que se habilite una segunda reelección, se tenga que hacer a un lado. Hasta donde se sabe, ella ha dicho y recontradicho que quiere ir hasta el final, así le toque enfrentar al presidente Uribe, y en varias declaraciones a los medios de comunicación ha comenzado a marcar distancia del Ejecutivo, hasta el punto de criticar la reciente aprobación del referendo en la Cámara, diciendo que fue “comprado”.
Tras la reunión azul, que se prolongó por más de nueve horas, el presidente del Partido, senador Efraín Cepeda, celebró el que se hubiese logrado un consenso en torno al aplazamiento de la consulta, argumento fundamental que se le trasladará al Consejo Nacional Electoral. Cabe aclarar, eso sí, que los precandidatos Álvaro Leyva y José Galat dejaron constancia de que no aceptan apoyar otra reelección del jefe de Estado. Por otro lado, no faltaron los rumores en el sentido de que el aplazamiento fue decidido más por conveniencia ante el bajo perfil que había adquirido el proceso de consulta en las últimas semanas y el riesgo de ser ‘barridos’ en las urnas por el Partido Liberal.
Así las cosas, la medición de fuerzas entre quienes apoyan a Arias —que son la mayoría de representantes a la Cámara— y quienes se inclinan por Sanín —casi todos los senadores—, sigue latente en el Partido Conservador. Hay quienes creen que si ese pulso lo gana Uribito, la colectividad quedará en manos del Presidente y el ministro Fabio Valencia Cossio, para hacer y deshacer. Por su parte, otros piensan que un triunfo de Noemí podría ser peligroso de cara al futuro, ya que implicaría tomar distancia del Gobierno, algo que no conviene a la hora de pensar en términos burocráticos.
Por eso, varios analistas consultados por El Espectador consideran que de aquí a marzo, el riesgo de crisis y división sigue siendo latente. Más aún cuando no se sabe qué suerte correrá el referendo re-reeleccionista en la Corte y en las urnas. Si bien las dificultades han sido conjuradas por el momento, es de esperar que tanto Arias como Noemí sigan jugando duro y traten de inclinar, cada uno para su lado, al hasta ahora indeciso conservatismo.