La Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que se lleva a cabo en Ginebra, Suiza, ha sido el escenario donde las dos principales centrares sindicales de Colombia, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Confederación General del Trabajo (CGT), han trasladado sus disputas ideológicas, ahondadas desde la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia.
Para nadie es un secreto que Julio Roberto Gómez, presidente de la CGT, es una persona cercana al vicepresidente Angelino Garzón, hasta el punto de que hay quienes lo han puesto en el sonajero para llegar al Ministerio del Trabajo, una vez éste sea restablecido con las facultades extraordinarias que le concedió el Congreso a Santos. De hecho, en la pasada campaña presidencial, Gómez –a título personal– respaldó la candidatura del hoy primer mandatario.
En abril pasado, cuando Santos adquirió una serie de compromisos con el presidente Barack Obama, con el fin de destrabar el trámite del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, el Gobierno le planteó a empresarios y trabajadores un acuerdo con el fin de garantizar la organización sindical, protección de los sindicalistas y acabar con las cooperativas de trabajo asociado, entre otros puntos. La CUT no firmó dicho pacto.
Ahora, la piedra de la discordia es la exclusión de Colombia de la lista de los 25 países a examinar por la violación de las normas internacionales del trabajo y la protección de los derechos humanos, decidido en la Conferencia de la OIT en Suiza. Una medida que obedeció a “los avance en materia de derechos sindicales”, postura que no comparte la CUT, que acusó a la CGT, en cabeza de su presidente, Julio Roberto Gómez, y a la Confederación de Pensionados de Colombia (CPC), de defender al gobierno Santos por los compromisos adquiridos.
“Sin apasionamiento ninguno, estamos totalmente seguros de que las relaciones entre la CUT y la CGT han llegado a su punto más crítico. Aquí lo que está en juego es la concepción en la defensa de la clase trabajadora y sus intereses, o compartir y avalar las políticas del gobierno Santos, aun al costo de los intereses de los trabajadores”, señaló ayer la CUT mediante un comunicado firmado por Tarsicio Mora, su presidente.
Dicho comunicado fue contestado por Julio Roberto Gómez en duros términos: “Desafortunadamente nos hemos encontrado con una actitud manipuladora y antinacional de una parte de la delegación de la CUT, que en condiciones absolutamente inaceptables culpan a la CGT y la CPC del hecho de que el país no forme parte de la lista de países llamados a rendir declaración en la Comisión de Aplicación de Normas, cuando ellos saben, perfectamente, que Colombia no es parte de la lista, entre otras razones, porque no está mencionada en el Informe de la Comisión de Expertos del presente año por violación a los convenios 87 y 98”.
Los convenios mencionados hacen referencia, precisamente, a la libertad sindical y el derecho de sindicalización, así como a la negociación laboral colectiva. Pero la CGT fue más allá al señalar que “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y al destacar lo que considera son una serie de avances en protección de sindicalistas, la creación de 480 nuevos cargos de inspectores de trabajo, el aumento de las penas a quienes atenten contra la libertad sindical o la misma futura creación del Ministerio del Trabajo, entre otros aspectos.
“¿Alguien puede entender que las centrales obreras apoyen la inclusión de Colombia en la mencionada lista en forma sectaria e irreflexiva? ¿Es un delito que la CGT y la CPC defiendan los avances y al mismo tiempo protejan al país de cara a la comunidad internacional? ¿Qué busca la CUT responsabilizando a la CGT y a la CPC de un hecho que no está en nuestras manos el resolverlo en un espacio tripartito de un organismo que como la OIT cuenta con la presencia de la mayoría de los países del mundo? ¿Acaso tienen la CGT y la CPC tanto poder en este escenario internacional?”, pregunta Julio Roberto Gómez.
Toma y dame. Así está la cosa entre la CUT y la CGT. El senador del Polo Democrático Luis Carlos Avellaneda, quien en el reciente pasado estuvo en la organización sindical, ve como muy preocupante lo que acontece: “Yo no sé qué están pensando Julio Roberto Gómez o Tarsicio Mora, pero lo que sí tengo claro es que si yo estuviera al frente de una organización sindical, sería una prioridad el beneficio de los trabajadores. Hay unas diferencias claras entre las organizaciones sindicales. Algunos sectores han escogido caminos más radicales, por llamarlo así, otros creo que son más accesibles en busca de bienestar para los trabajadores”.
Un choque que podría traer consecuencias inesperadas, teniendo en cuenta que el TLC con Estados Unidos nada que se define y los mensajes que llegan no son los más alentadores. Ayer, la Confederación Sindical Internacional reveló que 90 representantes sindicales fueron asesinados durante 2010 en todo el mundo, 49 de ellos en Colombia.