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El «embrujo» conciliatorio

La elección, esta semana, de Fiscal General por parte de la Corte Suprema demuestra la habilidad del Presidente para mover sus piezas y hacer que los demás le sigan el juego.

04 de diciembre de 2010 - 04:00 p. m.
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En el cuarto mes del gobierno de Juan Manuel Santos persiste la luna de miel con los sectores más representativos del poder. El propio Jefe del Estado lo define como la aplicación de los principios del buen gobierno. Los analistas empiezan a calificarlo como los resultados de un auténtico ajedrecista en el manejo político. Los opositores, que apenas levantan sus voces, lo llaman un cambio de formas. Lo cierto es que el país vive hoy en otra tónica y el artífice de la distensión en las pasiones políticas es el Presidente.

Tiene a dos de sus contendores electorales trabajando a su favor. Germán Vargas como su mano derecha y Rafael Pardo desde las filas del liberalismo, que cada vez están más cerca. A Gustavo Petro lo tiene tranquilo, al menos reconociendo que el nuevo modelo se ciñe a la institucionalidad y la separación de los poderes. El Partido Verde apoya algunas de sus iniciativas y no se advierten aguas turbulentas en el Congreso, a pesar de una que otra cara larga en la U y el conservatismo. Y para rematar, esta semana logró que la Corte Suprema eligiera Fiscal y volviera a armar sus huestes.

Nadie niega que políticamente el momento es sereno, pero cada quien tiene su explicación. Por ejemplo, el decano de Ciencia Política de la Escuela de Administración de Negocios (EAN), Francisco Giraldo, señala que el país venía de una era en que el presidente no entendía que el sistema democrático funciona con pesos y contrapesos, en cambio Santos habla de unidad y conciliación y sólo en contadas veces se le ha escuchado una reivindicación de la seguridad democrática. Es decir, es un sutil distanciamiento.

A su vez, el analista Andrés Mejía, del Instituto de Ciencia Política, dice que aunque se advierte a un Partido Conservador un poco alejado, y a un sector de la U más leal a Uribe que a Santos, es el curso de la política y lo que hoy sucede es imposible sostenerlo cuatro años. “De cualquier manera, el Gobierno ha sido hábil en ser receptivo de las inquietudes programáticas de los otros y hasta el sector de Petro siente que lo han acogido. Todo está soportado por una personalidad pragmática y abierta a los acuerdos”.

El internacionalista Enrique Serrano tiene una visión menos política. “Ahora hay un estilo tan corporativo, tan bogotano, tan del centro del país, que existe la sensación de que estamos acostumbrados más a gobiernos como el de Santos que como el de Uribe. El primero es conciliador y juega en todos los terrenos, distinto a la naturaleza fuerte, decidida y a veces arbitraria del gobierno anterior”. Sin embargo, advierte que 2011 trae el primer obstáculo: las elecciones regionales que en algunas partes pueden favorecer al sector uribista.

Lo cierto es que, por lo pronto, Santos está demostrando que sabe mover sus piezas logrando que los demás sigan el juego. Y le ayudan los hechos. Sus ministros tienen credibilidad por su experiencias o sus ascendentes políticos; sus relaciones con Venezuela y Ecuador se están arreglando a pasos agigantados; el Gobierno ha salido a encarar escándalos de corrupción como los de Estupefacientes, Fondelibertad y AIS, heredados de la administración anterior; y la interacción con el poder judicial ha logrado canalizarse por buen rumbo.

En un tono más crítico, el analista Rubén Sánchez David, así lo define: “Creo que el éxito del presidente Santos para apaciguar los ánimos que dejó encendidos Uribe consiste en que les ha permitido a todos los sectores políticos que tengan tajada en el presupuesto. Eso es lo que buscan los políticos: un pedazo en el erario público y puestos para pagar a sus electores”. Pero tiene claro que algunos de esos nombramientos no serán por mucho tiempo y cuando vengan los dilemas, se moverán los alfiles.

De todos modos, hay quienes creen que tarde o temprano vendrán los choques. El propio ex presidente Uribe ya anunció que va a seguir como combatiente en la arena política y las elecciones regionales están en su mira. La oposición, hoy encarnada sólo en el Polo Democrático, no ha tenido contradicciones de fondo, pero ya comienza a montar sus propios caballos de batalla, como su oposición a uno de los proyectos clave para Santos: el de la sostenibilidad fiscal. Y cuando lleguen los problemas es que se va a poner a prueba la habilidad de un gobernante de quien se dice nació para ejercer el poder, y ha demostrado que sabe dosificarlo.

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En este sentido, hay quienes creen que si bien Santos ha sabido “negociar” con Uribe, por ahora el santismo no es aún una doctrina definida y lo que ha hecho es cimentarse en las figuras de ex presidentes como César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana. “Ha revivido la institución de los ex presidentes, que antes de Uribe cogobernaban con el mandatario de turno”, agrega Enrique Serrano. La pregunta es: ¿le pasará ello en algún momento cuenta de cobro?

En reciente entrevista, el presidente Santos definió su fórmula: “Trabajo armónico con los demás poderes públicos y el uso de la concertación como mecanismo para lograr acuerdos”. Y lo está demostrando, aprovechando además la necesidad de un país que ya estaba agotado con ocho años de mano dura en todos los planos. En otras palabras, como lo resalta el analista Alejo Vargas, “el respeto con todo el mundo, como debe ser el papel de un jefe de Estado, entrega resultados. Y no como ocurría en el pasado, cuando la fórmula fue el enfrentamiento”.

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