Cuando el presidente Iván Duque se dirigió por primera vez en calidad de jefe de Estado a la Asamblea General de Naciones Unidas (UNGA por su sigla en inglés), tenía la certeza de que lo hacía en perfecta sintonía con lo que ese organismo ha venido planteado frente a un asunto fundamental para el país: el Acuerdo de Paz. Basta recordar el reciente reporte que entregó la Misión que delegó la ONU para verificar lo pactado en La Habana, que coincidió con la segunda vuelta de la elección presidencial, que le dio el triunfo en las urnas.
“No se trata solo de consolidar el proceso de paz con las Farc, sino también de generar credibilidad a efectos de posibles negociaciones futuras con otros agentes armados”, dijo entonces el secretario general de la ONU, António Guterres. Eso, palabras más palabras menos, significó que los hallazgos que ha hecho la Misión, establecida en el país desde septiembre de 2016, vienen suscitando la preocupación de los verificadores, porque no hay recursos para materializar las promesas suscritas.
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Y así lo dejó claro ayer el primer mandatario en el marco de la 73 UNGA en Nueva York. Allí, habló durante 15 minutos sobre la preocupación que le genera la imposibilidad de materializar el Acuerdo. “Nuestro Gobierno va a trabajar para que el proceso de desmovilización, desarme y reinserción salga adelante con éxito”, señaló, advirtiendo que había recibido “un proceso frágil en varios frentes. Se realizaron muchos compromisos sin destinar suficientes recursos y se creó una dispersa y compleja arquitectura que ha sido hasta ahora incapaz de avanzar eficientemente hacia los objetivos”.
Con sus palabras, Duque estaba notificando a la ONU que mantiene su intención de modificar los principales aspectos sobre los que, en meses anteriores, había discutido en privado con el representante especial del organismo en Colombia, Jean Arnault: la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), prohibir que el narcotráfico sea delito conexo al delito político, aspectos de la participación en política de los exguerrilleros y la erradicación forzosa de cultivos ilícitos. Especialmente este último aspecto, porque la ONU también reconoce que la ausencia estatal en los territorios sigue quedando en evidencia.
Según ha dicho este organismo, la violencia sigue prosperando en zonas donde las instituciones no existen o son débiles, y hay falta de infraestructura y de oportunidades económicas lícitas. Además, cuestiona que los resultados surgidos de los compromisos con las familias que suscribieron programas de sustitución de cultivos ilícitos no se ven tangibles en la realidad. “Es cierto que debemos hacer más en materia de prevención y atención a los adictos desde un enfoque de salud pública. Esa es una verdad incontrovertible. Pero no es menos cierto que el narcotráfico en Colombia es un depredador del medio ambiente, un destructor de instituciones, un corruptor social”, señaló Duque en su intervención.
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Evidentemente, frente al Acuerdo de Paz se evidenció un mensaje consonante entre lo que busca el Gobierno y las preocupaciones de la ONU, que está aportando recursos mediante sus distintas entidades para materializar lo pactado. Conseguir plata es el principal desafío, señala el organismo multilateral, para combinar las medidas de desarrollo social y económico, infraestructura, seguridad y lucha contra los estupefacientes, pues la reincorporación solo será posible si el Estado les sigue garantizando oportunidades económicas a los excombatientes. “Esperamos contar con el apoyo financiero de la comunidad internacional para dar la solidez necesaria al proceso”, agregó el mandatario colombiano.
Otro asunto que sorprendió del discurso de Duque fue la alusión directa que hizo a uno de los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas sobre la libre determinación de los pueblos. Y es que, aunque defendió los canales diplomáticos para denunciar al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, alentó a la comunidad internacional a tomar acciones, pues “la libre determinación de los pueblos no puede ser manipulada para convertirse en la libre determinación de los opresores”.
El discurso del primer mandatario ante la ONU se mantuvo dentro de la misma línea que defendió como candidato. El escenario, en todo caso, no podía generar mayores sorpresas ni tampoco el protagonismo de años anteriores. Santos contó con la suerte de llevar cada año un hecho histórico que lo convirtió en un líder fundamental para la región: el inicio del proceso de paz, su posterior firma en Cartagena al término de la UNGA 2016, el galardón que recibió como Nobel de Paz y la aprobación de la prórroga de verificación a lo pactado. De momento, el reto para Duque es llegar a la próxima cumbre internacional con resultados concretos frente a esos dos principales temas: el demostrar que los cambios al Acuerdo de Paz eran necesarios y que su política antidrogas fue efectiva ante los ojos del mundo.