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¿El fin justifica los golpes?

Diferencias políticas resueltas con violencia. Jorge Alberto Uribe Escobar se disculpó con el concejal Bernardo Alejandro Guerra Hoyos.

24 de mayo de 2008 - 12:43 a. m.
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“Si lo veo le voy a dar en la cara, marica”, una de las frases más famosas del presidente Álvaro Uribe Vélez, es ejemplo de que a veces, cuando de política se trata, los debates y las instancias jurídicas se quedan cortos ante los ataques de ira, que sólo parecen satisfacerse con la descarga de un puño o un insulto. En Colombia ha sobrevivido a los siglos de los siglos aquel adagio popular que reza: “El que pega primero, pega dos veces”.

En esa ocasión, el regaño del Presidente a uno de sus ex funcionarios por haber incurrido en un hecho de corrupción se conoció gracias a una supuesta interceptación telefónica. Pero sus acaloradas palabras son una de las características de su personalidad paisa que algunos califican como frentera.

Sin embargo, antes de llegar a la Presidencia, Uribe ya había protagonizado escenas de este tipo. En la memoria de los colombianos todavía permanece el recuerdo de su “agarrón” con Fabio Valencia Cossio, cuando se disputaban la gobernación de Antioquia.

El ejemplo no es el único ni el más escandaloso. El país cada vez está más polarizado por asuntos políticos. Precisamente dos hechos públicos que se conocieron este mes lo ratifican.

El viernes 16 de mayo en Medellín el concejal Bernardo Alejandro Guerra Hoyos denunció una golpiza a manos de Jorge Alberto Uribe Escobar, primo del ex congresista Mario Uribe, y Juan José Rivera, notario 5 (e) de Medellín.

Tan sólo pasaron dos días para que se conociera un escándalo similar en Valledupar.

Esta vez uno de los protagonistas fue Edgardo José Maya Araújo, hijo del procurador general, Edgardo Maya Villazón, quien acompañado de sus amigos y cuatro escoltas habría herido a Cristian José Moreno Villamizar, hermano del gobernador cesarense, y el cuñado del mandatario, Fernando Ariza Daza.

Pero ¿cuál fue el motivo para que se presentaran estas agresiones? Los heridos demandantes están convencidos de que el trasfondo de la ira de sus agresores fue meramente político.

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Por denuncias políticas

Las condiciones en que se dio la golpiza en Medellín no habían quedado claras hasta el viernes, cuando Jorge Alberto Uribe Escobar ofreció una rueda de prensa para disculparse con el concejal. “Mi participación en ese hecho obedece a circunstancias desafortunadas que reconozco y lamento”.

La noche de Guerra en el Hotel Dann Carlton de Medellín se convirtió en una pesadilla, cuando se encontró en el lobby con los notarios.

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Pero el reconocimiento de los hechos mereció para Bernardo Alejandro Guerra Hoyos desistir de las acciones legales en contra de Uribe Escobar, a la vez que ratificó sus acciones contra quien calificó como el principal agresor: Juan José Rivera, quien hasta el cierre de esta edición había negado sus actos.

La motivación de la golpiza para Guerra Hoyos no podría ser más evidente: “Rivera me abordó por las denuncias que yo había hecho en su contra”. Fueron varias. La primera vez que lo tildó de corrupto ocurrió cuando Rivera se desempeñaba como diputado de la Asamblea, en 1998.

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La segunda cuando era subgerente administrativo de la Empresa Departamental Antioqueña de Teléfonos en 2003. “Tenía una secretaria a quien le autorizó una tarjeta de crédito con un cupo de 20 millones de pesos, con la cual ella compró un carro diferido a 12 cuotas. ¡Cómo es posible que pase algo así!”. La más reciente acusación fue en 2006, al cuestionar su actual nombramiento en la Notaría 5 de Medellín, tras los antecedentes descritos.

La secuencia de sus arremetidas habría sumado la dosis de ira suficiente que Rivera desfogó a golpes cuando coincidió con el político en el hotel.

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La versión del notario 5 fue que el concejal se había caído de la borrachera esa noche y esa era la explicación de sus golpes.

Hoy, con la cabeza fría, Guerra cree que su agresor atraviesa un momento de alta tensión política debido a la crisis del partido Colombia Democrática, de Mario Uribe, y al alto número de políticos vinculados con los paramilitares.

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El precio de la política

“Si yo no fuera el hermano del gobernador del Cesar, esto no hubiera sucedido”, piensa Cristian José Moreno, quien contó a El Espectador su versión de la noche de la golpiza.

Recuerda que estaba comiendo en un restaurante de Valledupar en compañía de los hermanos de la primera dama del departamento, cuando llegaron tres camionetas pitando insistentemente para que movieran un vehículo que estaba parqueado frente al sitio.

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Pasaron pocos minutos para que se percataran de que uno de quienes llegaba era el hijo del Procurador, quien se sentó en la parte exterior del restaurante con el grupo que lo acompañaba.

Según cuenta Moreno, cuando salió de comer saludó a algunos de los que allí se encontraban, incluido Edgardo José Maya. “Mientras caminaba me gritaron: ‘Y qué hace saludándonos el hermano de ese negro h.p. que no ha hecho nada en la gobernación’. Hice caso omiso porque éramos menos que ellos, pero Ricardo Molina dijo: le voy a dar una cachetada”.

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En ese momento comenzó la golpiza con puños, patadas y empujones contra los tres. Cuenta que la amenaza de una llamada a la Policía fue lo único que los hizo reaccionar y marcharse.

Aclara que el hijo del Procurador no fue quien comenzó el enfrentamiento, aunque sí lo pateó de manera contundente en la cara cuando estaba en el piso dominado por los golpes. “Pueden verificar que los únicos que aparecimos lesionados fuimos nosotros”.

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El hijo del Procurador negó las declaraciones a través de un comunicado: “No agredí ni física ni verbalmente al señor Cristian José Moreno, ni a ninguno de sus acompañantes. Tampoco fui agredido por ninguno de ellos”.

El denunciante agredido concluye que quienes emprendieron la paliza quedaron ‘dolidos’ tras las elecciones del pasado 28 de octubre, en las que su hermano resultó elegido como gobernador del César. “En ningún momento buscamos generar situaciones políticas, pero esto tiene contexto político”.

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Seguramente muchos enfrentamientos de estas características ocurren con frecuencia en Colombia, así como otros seguirán apareciendo en el escenario cuando alguien actúe políticamente diferente a los estándares o intereses de un grupo.

La política sigue siendo una de las mayores pasiones de la gente, pero la pregunta es hasta dónde la polarización justifica buscar soluciones a los golpes.

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