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El perfil que muestra la diplomacia de Iván Duque Márquez

Seguridad, narcotráfico y cultivos ilícitos, relaciones comerciales y Venezuela aparecen como los ejes en la relación con el gobierno Trump.

07 de julio de 2018 - 09:00 p. m.
El jueves, Iván Duque se reunió con Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos. / Archivo particular
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Sólo diez días después de haber ganado la segunda vuelta presidencial, Iván Duque Márquez empacó maletas y se fue para Estados Unidos. Con pocas apariciones en el escenario local luego de los comicios del 17 de junio —visitas a Hidroituango y al municipio de Gómez Plata en Antioquia, donde nació su padre, y reuniones con los miembros de las altas cortes, con el jefe de la Misión de la ONU en Colombia, Jean Arnault, y con uno que otro dirigente político—, el mandatario electo empezó una gira por el país del norte buscando afianzar, de entrada y a título personal, los primeros lazos en los asuntos que parece serán prioritarios para su gobierno y en los que la administración Trump, por lo visto, será su principal apoyo: seguridad, narcotráfico y cultivos ilícitos, economía y Venezuela.

Un acercamiento que, se puede decir, comenzó el 22 de junio en la sede de la diplomacia estadounidense en Bogotá, cuando se reunió con el embajador Kevin Whitaker. En ese encuentro, la conversación giró alrededor de la lucha contra el narcotráfico, días antes de que se revelara, por parte de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca (ONDCP, por su sigla en inglés), que los cultivos de coca en Colombia habían alcanzado en 2017 el número histórico de 209.000 hectáreas sembradas. Un encuentro “productivo”, escribió Duque en Twitter, revelando que conversaron sobre el “objetivo común en la lucha contra el narcotráfico y el fortalecimiento de nuestras relaciones políticas y comerciales”.

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Es previsible entonces que este tema fuera el que marcara la agenda en su visita a Estados Unidos, a donde llegó el miércoles 27 de junio. Históricamente, Colombia ha sido el aliado estratégico de los norteamericanos en América Latina y fue Álvaro Uribe, mentor de Duque, la pieza clave en la implementación a fondo del Plan Colombia, cuyo objetivo apuntó a generar una revitalización social y económica del país, terminar el conflicto armado y estructurar una estrategia antinarcótica. De ahí que, en la coyuntura actual, el tema de los cultivos ilícitos cobre mayor relevancia, teniendo en cuenta las diferencias de método entre Estados Unidos y el gobierno Santos, sobre todo luego de la paz con las Farc. Los primeros, dispuestos a aumentar la ayuda si se elige el camino de la fuerza y la aspersión aérea; el segundo, convencido de que la sustitución voluntaria y la llegada del Estado con alternativas económicas para las familias campesinas son la mejor opción.

Sobre este asunto habló Duque con Mike Pompeo, secretario de Estado, en un encuentro que tuvo lugar el 29 de junio. A través de su portavoz, Pompeo señaló que en su conversación con el presidente electo le insistió en trabajar para reducir los cultivos ilícitos. Posteriormente, Duque se reunió con Gina Haspel, directora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA); John Bolton, asesor de seguridad de Trump, y James Carroll, director encargado de la ONDCP. Su preocupación, advirtió, es que por las cifras recientes la relación se “narcotice”. Y su contrapropuesta fue llegar con una “agenda integral” que abarque el apoyo en otros puntos de la seguridad.

En febrero de 2016, en la conmemoración de los 15 años del Plan Colombia y cuando el proceso de negociación con las Farc se encaminaba hacia la firma de un acuerdo definitivo, se redefinieron los lineamientos de dicha estrategia. Hasta ese momento la ayuda de Estados Unidos ascendía a US$9,94 billones, en su mayoría destinada a la lucha contra las drogas. Ahora, de cara al posconflicto, los nuevos ejes del Plan son: agencia de ayuda, erradicación, desminado y carreteras. En 2017, el Congreso estadounidense aprobó US$450 millones, y en 2018, otros US$391 para tales fines. Se pensó que con las Farc desmovilizadas se iba a simplificar esa lucha, aunque Estados Unidos seguiría colaborando militarmente en el combate a las bandas criminales. Ahora, con un país “nadando en coca”, como dicen los más críticos del uribismo, será inevitable que las relaciones sigan girando en torno a esa batalla contra el narcotráfico.

Con anterioridad, Duque sostuvo también un encuentro con los legisladores Marco Rubio y Rubén Gallego, de los partidos Republicano y Demócrata, respectivamente. Con ellos el tema fue Venezuela, otra “papa caliente” para el gobierno entrante. Las intenciones de Estados Unidos por “restablecer la democracia” en el país vecino y el papel que puede cumplir Colombia, a quien golpea la llegada de miles de migrantes, hacen de este un punto neurálgico. De hecho, en la reunión del jueves pasado entre Duque y Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, además de seguridad y relaciones comerciales, Venezuela fue el punto central de la charla, en momentos en que corría la noticia de que Trump les habría preguntado a sus asesores, en agosto de 2017, sobre la posibilidad de una invasión militar para derrocar a Nicolás Maduro.

Según Duque, no hablaron de intervenciones militares, algo que él no comparte, pero sí de que todos los países que respaldan la Carta Interamericana actúen con contundencia “para ejercer una presión diplomática sobre la dictadura y respaldar los esfuerzos que ha venido haciendo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, por denunciar los atropellos”. Palabras que refuerzan lo que ya había dicho el 29 de junio, precisamente después de reunirse en Washington con Almagro, cuando insistió en la necesidad de que todos los países de la región se retiren de Unasur por ser “una organización que se ha convertido en cómplice de la dictadura venezolana”.

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En la campaña que lo acaba de llevar al poder, Duque recalcó siempre en su discurso la condena al régimen de Maduro y recordó constantemente su papel en la demanda interpuesta contra éste ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad. Su cercanía a la oposición venezolana ha sido más que evidente. Incluso, el 17 de junio, día de la segunda vuelta presidencial, Lilian Tintori expresó en un video: “Venezuela vive una emergencia humanitaria que no se debe repetir en ningún país de la región, en ningún país del mundo. Los derechos humanos no tienen fronteras, por eso vota por la justicia, la democracia y la libertad, vota por Duque”.

Algo que también queda claro de la gira de Duque por Estados Unidos es que en el terreno de los organismos multilaterales, caso OEA o la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU), jugará sus cartas y las fichas que en ellos lo representen serán fundamentales. Los rumores hablan de la posibilidad de que el exprocurador Alejandro Ordóñez sea el vocero de su gobierno ante el primero, y su papel protagónico sería liderar esa batalla diplomática y jurídica contra el gobierno Maduro y, de paso, vigilar de cerca los procesos que en la Corte Interamericana de Derechos Humanos se siguen contra varios dirigentes uribistas. Sea como sea, el presidente electo ya deja ver desde ya su línea de acción ante la región y el mundo.

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