Los resultados de ayer nos entregan un panorama en que se evidencia que la polarización funcionó para los candidatos que participaban de ella. El candidato-presidente Juan Manuel Santos y el representante del Centro Democrático Óscar Iván Zuluaga pasarán a la segunda vuelta en una confrontación que promete más ataques, más descalificaciones y, sobre todo, muchísimo miedo instigado por una u otra de las partes con el fin de movilizar al electorado en contra de una u otra aspiración.
De un lado estará el miedo al uribismo que promocionará el santismo y del otro el miedo a la guerrilla que promocionará el uribismo. Vamos a ver cuál de esos miedos logra persuadir mayor número de votantes en la segunda etapa de esta elección, que ya se presenta como una de las más sucias y menos programáticas de nuestra historia. Las conclusiones de esta jornada electoral dejan en deuda con la democracia a los candidatos, a los medios de comunicación, a los expresidentes y a la Fiscalía. Ninguno de los cuatro estuvo a la altura del desafío que les planteó la coyuntura que vive el país.
El alto abstencionismo de la jornada se explica por la misma campaña negativa que primó durante la contienda. Es del abecé de la estrategia política que los escenarios sucios aumentan la abstención. La pregunta es si esos escenarios sucios fueron fríamente propiciados por alguna campaña en beneficio de sus fines o si fueron simplemente el efecto inmanejable de una polarización que lleva cuatro años gestándose y que en las elecciones presidenciales llegó al culmen de su expresión.
Ninguna de las cinco campañas logró difundir un mensaje emocional e inspirador que pudiera persuadir a ese ciudadano pesimista y desencantado que quisiera creer en algo o en alguien. Ninguna de las campañas, y esto es culpa de los distintos estrategas, tuvo la habilidad de poner a soñar a un país que se muestra, en las distintas encuestas, mayoritariamente desencantado.
Vamos a ver si en la segunda parte de esta opereta logramos oír propuestas, logramos contrastar rumbos y no odios, logramos ver a una prensa interesada en informar y no en abuchear o aplaudir y logramos volver a creer en que la Fiscalía ejerce una papel objetivo y alejado de las circunstanciales pasiones políticas. La Fiscalía debe ser el algodón entre los dos vidrios. Los políticos deben leer el abstencionismo y desencanto de hoy como el silencioso fallo de una población que se está cansando de la manera como conducen al país. Ojalá estos dirigentes entiendan, parafraseando a John Stuart Mill, que con un país dividido, desencantado y crispado, ninguna cosa grande se puede hacer.